Reseña de Adiós, muñeca de Raymond Chandler

7 julio, 2021
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7 julio, 2021 Graziella Moreno

Reseña de Adiós, muñeca

Título: Adiós, muñeca (Farewell, my lovely)

Autor: Raymond Chandler

Editorial: Alianza Editorial. Biblioteca Chandler.

Traducción: José Luis López Muñoz.

Año: 2001 ( original: 1940)

Calificación:

Sobre el autor

Raymond Chandler (Chicago 1888- La Jolla, California 1959), guionista, novelista, escritor y poeta, se crio en el Reino Unido donde recibió una sólida formación literaria. Viajó a Francia y a Alemania y se nacionalizó británico en 1907. Trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette. Publicó 27 poemas y su primer relato antes de regresar a los Estados Unidos en 1912. Participó en la Primera Guerra Mundial y luego regresó a California donde trabajó en la banca. En 1939 publicó su primera novela, El sueño eterno. A ésta le seguirían: Adiós, muñeca (1940), La ventana siniestra (1942), La dama del lago (1943), La hermana pequeña (1949), El largo adiós (1953), Playback (1958) y la novela incompleta, La historia de Poodle Springs. Como guionista: Perdición (1944), basada en la novela de James M. Cain, La dalia azul (1946), Extraños en un tren (1951), basada en la novela de Patricia Highsmith.

Traducción

José Luis López Muñoz. Nació en Madrid en 1934. Es licenciado en Medicina, doctor en Filosofía y licenciado en Lengua y Literatura Inglesas. Ha sido lector de español en la Universidad de Newcastle y Assistant y Associate Professor of Spanish en la Universidad de Maine. En 1980 recibió el Premio Nacional de Traducción por Joseph Andrews de Henry Fielding, y en el año 2000, el Premio Nacional a la Obra de un Traductor. Ha traducido obras de William Faulkner, Virginia Woolf, Jane Austen, George Eliot, Rudyard Kipling, E. M. Forster, F. Scott Fitzgerald, Oscar Wilde, Saúl Below y Raymond Chandler, entre otros.

Sinopsis de la obra

Considerada por algunos críticos como la mejor novela de Raymond Chandler, la indagación en la corrupción que supone Adiós, muñeca supuso un paso más para el autor en su personal interpretación de las convenciones del género negro. Si en El sueño eterno era un caso de chantaje el que servía de urdimbre para la acción de Philip Marlowe, en Adiós, muñeca será la búsqueda que emprende tras salir de la cárcel, de su “pequeña Velma”, el singular gigante Moose Malloy, la que desencadene un siniestro recorrido que desenmascara los resortes del poder en una ciudad en la que “las leyes se hacen para los que pagan”.

Reseña de Adiós, muñeca

Un cóctel perfecto

En la película El premio (1963) del director Mark Robson, un escritor norteamericano, mujeriego y aficionado a la bebida, interpretado por Paul Newman, llega a Estocolmo para recibir el premio Nobel de Literatura. En la rueda de prensa, dominada por la expectación por saber por qué no ha escrito nada en cinco años, y ante los atónitos periodistas, confiesa que dado que sus obras no han interesado a los lectores, se ha vestido, ha comido, y ha bebido mejor todavía escribiendo novelas policíacas bajo seudónimo. Estupor en la sala, e incluso un grito ahogado por parte de alguna de las señoras presentes. Uno de los periodistas, incrédulo, no le cree capaz de “hacer algo semejante” y el escritor se defiende diciendo que tiene olfato para husmear en los misterios de la vida y encontrar temas tortuosos. Esa es la esencia de la novela negra, ofrecer al lector las variantes de la conducta humana para que él juzgue. El sexo, el dinero, el poder, motores de nuestras acciones.

Hay historias que deben ser contadas y leídas en su tiempo. Existen formas de narrar hoy superadas con las que es difícil conectar. Novelas que tienen sentido para el lector si corresponden a su momento temporal. Sin embargo, hay historias y novelas publicadas hace ochenta años que suenan como si las hubieran escrito ayer.

Adiós, muñeca, considerada una de las mejores novelas de Raymond Chandler, es un relato magistral de un mundo complejo en el que nadie es enteramente bueno ni enteramente malo, siempre visto desde la óptica de su personaje, Phillip Marlowe, un observador con su propio código moral. Un detective que se mueve entre el crimen y la defensa de los débiles, duro y a la vez compasivo, capaz de jugarse la vida para descubrir la verdad. Una verdad que en ocasiones carecerá de sentido, pero así somos los seres humanos. Marlowe seguirá el rastro de Moose Malloy, un delincuente que acaba de cumplir ocho años de prisión, que en su obsesión por recuperar a su antigua novia irá dejando a su paso un rastro de sangre, y pondrá al descubierto la corrupción de una sociedad en la que el icónico sueño americano no es más que una declaración de principios con la que se pretende edulcorar una época marcada por la Guerra Fría.

Chandler, que odiaba la novela negra enigma y consideraba que la novela negra auténtica era la que escribía Dashiell Hammett, se sirve de su personaje para ofrecernos una visión irónica, dura y un tanto melancólica de su tiempo. Afirmaba que el estilo literario consistía en la capacidad de transmitir emoción, y lo consigue a la perfección con la narración en primera persona, sus frases cortas o sus descripciones breves, y ese característico sentido del humor que arranca sonrisas al lector. El autor emplea el lenguaje de la calle, el argot que conoció en los múltiples trabajos que desempeñó a lo largo de su vida, y usa metáforas muy gráficas que conforman un estilo único:

“El canturreo en la mesa de dados se detuvo bruscamente y la luz se apagó de golpe. Se produjo un silencio tan pesado como un barco con una vía de agua. Ojos que nos miraban, ojos de color castaño, en rostros que iban del gris al negro carbón. Cabezas que se volvían lentamente y ojos que brillaban y miraban fijamente en medio del denso silencio ajeno de otra raza”.

En su investigación, Marlowe dará con todo tipo de policías: el que ya ha tirado la toalla y espera sin moverse a que le llegue la jubilación, el honrado y duro que todavía cree en lo que hace, el corrompido y brutal que no responde más que ante quien le soborna, o el cínico realista. El autor se sirve de todos ellos para explicar quién manda realmente: el dinero y el poder. Puro realismo sucio que Chandler desgrana en cada escena:

“-¿Qué clase de persona es el alcalde?
-¿Qué clase de persona es un alcalde en cualquier sitio? Un político. ¿Cree usted que es él quien da las órdenes? Ni por el forro. ¿Sabe usted cuál es el problema con este país, muchacho?
-Demasiado capital inmovilizado, según tengo entendido.
-Nadie puede seguir siendo honrado aunque quiera- dijo Hemingway-. Este es el problema con este país. Te quedas con el culo al aire si lo intentas. Tienes que jugar sucio si quieres comer. Muchos malnacidos creen que todo lo que necesitamos son noventa mil agentes del FBI con cuellos bien limpios y cartera. Tonterías. Las comisiones acabarían con ellos como sucede con todos nosotros”.

Para James Bond, su bebida favorita debía ser “agitada, no mezclada”. La traducción lo cambió por “mezclada, no agitada”. Los entendidos dicen que este error sirvió para elaborar el famoso Dry Martini. Adiós, muñeca es un cóctel perfecto cuyos ingredientes son el amor, la venganza, la ambición, la corrupción, y un toque de honradez. A pesar del cinismo, a pesar de la desesperanza, que tan bien supo expresar Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, siempre habrá quien plantee que a pesar de nosotros mismos, de nuestras imperfecciones y debilidades, siempre podemos ser mejores. O al menos, intentarlo.

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