Cuando el viento hable: reseña de la novela de Ángela Banzas

27 abril, 2026
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27 abril, 2026 Jesús Boluda del Toro

Reseña de Cuando el viento hable, de Ángela Banzas

Sinopsis de Cuando el viento hable

Galicia, otoño de 1939. La guerra ha terminado hace meses, pero la paz tarda en llegar a los pueblos de los alrededores de Santiago. En una aldea cualquiera nace Sofía, hija de un bibliotecario casi ciego al que la calle conoce como Félix, «el guardián de los libros». Su madre muere en el parto al borde de un camino. La crían los abuelos paternos. La abuela es una mujer católica y curtida. El abuelo, herrero, tarda dos días en mirar a la nieta y, después, ya no la suelta.

Sofía crece en un fayado al que sube cada noche por una escalera que sus abuelos retiran al acostarla. Los adultos guardan silencio sobre demasiadas cosas. Una enfermedad rara la lleva al Hospital Real de Santiago, el viejo edificio de los Reyes Católicos que hoy es Parador. Allí conoce a Julia, otra niña enferma. La amistad entre ellas dos es lo más luminoso del libro. También lo más peligroso, porque el padre de Julia es un coronel con bata blanca que parece saber sobre Sofía cosas que ella ignora sobre sí misma.

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Una novela que merece ser leída

Conviene decirlo cuanto antes: Cuando el viento hable es una novela buena por derecho propio, al margen del ruido del Premio. A mí, normalmente, ese ruido me predispone en contra. Hay algo en el modo en que se promociona el galardón cada año que termina por aplastar al libro premiado, lo merezca o no. Sin embargo, el hecho de conocer la prosa de Ángela Banzas me proporcionaba la tranquilidad de saber que jugaba a caballo ganador.

 

Sofía como voz que sostiene la novela

La voz que narra es la de Sofía, ya adulta, recordando su infancia. Aquí hay una decisión que merece la pena destacar. Es de las que cambian un libro entero: Banzas escribe bajo la voz de una niña que ve y piensa como una niña. No es una niña explicada por un adulto. Esto, aunque parece fácil, casi nadie lo hace bien. Esta particularidad hace especialmente hermosos ciertos pasajes de la novela, porque no se siente el horror o la represión en su forma más real, sino con un velo de inocencia que lo hace más liviano.. o atroz.

La generación que heredó la guerra

Sofía pertenece a una generación muy concreta, la de quienes nacieron justo después del 39. No conocieron los disparos, pero crecieron rodeados de los silencios que dejaron. La novela está cimentada sobre el modo en que una niña intuye lo que pasa en una casa donde los adultos han decidido que ciertas cosas no se cuentan. Sabe que cuando suena el reloj de péndulo a las ocho su padre se pone nervioso. Sabe que hay hombres con gabardina que llaman a la puerta. Sabe que hay un fayado al que tiene que subir cada noche por una escalera que se retira. No sabe por qué. La novela se construye sobre lo que Sofía intuye en una casa donde nadie habla.

La novela tiene mucho de homenaje a los abuelos, pero también funciona como retrato colectivo. No en vano, está dedicada «A esa generación que nos forjó una oportunidad. A ellos, el necesario homenaje, y a todos, la paz.»

El padre, los libros, el refugio

Lo mejor del libro, para mí y junto con la del padre Avelino, es la figura del padre. Félix es bibliotecario y va perdiendo la vista. A Sofía le inventa cuentos donde una niña recorre el Camino con un conejo, donde la abuela cocina pócimas, donde los suelos esconden pasadizos. Le da a Marco Aurelio antes de que sepa quién era. Le da a Lewis Carroll para que aprenda a desconfiar del tamaño de las cosas.

Es un personaje con poco tiempo de página y mucho peso simbólico. Sofía lo ve poco porque trabaja fuera y vuelve tarde, pero cada aparición suya cambia el clima de la novela. Hay padres en la literatura reciente española mejor desarrollados, sí, aunque pocos tan logrados con tan pocos recursos.

El Hospital Real como territorio narrativo

Aunque es cierto que no me gusta el cliché habitual de que «el escenario se convierte en personaje», en esta ocasión, el otro gran acierto del libro es la elección del escenario principal. El Hospital Real de Santiago tiene cinco siglos de historia, fue concebido para acoger peregrinos, mantuvo capilla y monjas hasta bien entrado el siglo XX, y al mismo tiempo era un centro médico moderno cuando Sofía ingresa allí. Esa convivencia entre lo religioso y lo científico, entre la oración y el rigor clínico, le sirve a Banzas para construir un escenario lleno de contradicciones internas.

La autora lo aprovecha bien. El hospital se convierte en algo más que un decorado: organiza la trama, alberga las amistades, esconde las sombras y delimita los movimientos de los personajes. Las páginas dedicadas a su descripción son de las más logradas del libro.

 

La posguerra como atmósfera

Una de las virtudes que más agradezco a Cuando el viento hable es que la posguerra aparece como clima. Como decía antes, hay hombres con gabardina llamando a la puerta a horas raras, y también hay vecinos que desaparecen sin que se mencione su nombre, padres que callan, abuelas que rezan con un horario rígido por motivos que jamás se explican. El lector intuye lo que se cuece debajo, y Banzas confía en que esa intuición sea suficiente.

Es una decisión literaria valiente en estos tiempos, donde la novela de memoria histórica tiende a la denuncia explícita y, a veces, al sermón. Aquí la represión se cuela por las rendijas. Convivimos con ella sin que nadie levante la voz, igual que convivieron con ella los personajes.

Las mujeres del libro

La novela está poblada de mujeres muy logradas. La abuela Dina es una de esas figuras que reconoce cualquier lector con raíces en una aldea de la España rural. Católica de fe austera, capaz de mirar a la muerte de frente sin teatralidad, mata gallinas y reza con la misma economía de gestos. Banzas la dibuja sin caricaturizarla, lo cual tiene mérito porque la tentación del color local en estos personajes es muy fuerte.

Soledad, la madre de Julia, vive prácticamente en el hospital cuidando a su hija. Las prostitutas de la rúa do Pombal aparecen en una escena memorable que está documentada históricamente: salieron con mantas mojadas a salvar a los heridos cuando ardió el autobús del equipo Iberia Sporting en 1950. Y Julia, claro, que es probablemente el personaje más difícil del libro y el que mejor le sale a Ángela: una niña enferma con una lucidez prematura que enseña a Sofía cosas que ningún adulto sabría enseñarle.

Una escena que sostiene el libro entero

Hay un momento concreto, hacia la mitad de la novela, que voy a contar muy de lejos para no estropearlo. Dos madres procedentes de mundos opuestos, que en cualquier otra circunstancia jamás se habrían cruzado, coinciden en un pasillo del hospital cargando cada una a su hijo. Las separan la clase social, la moral pública, los códigos de comportamiento de la época. Los une lo que las dos están atravesando.

No se hablan. Solo se miran. Y se reconocen. Es una de esas escenas que justifican un libro entero, escrita con una contención admirable. Cuando llegues, entenderás de qué hablo.

Una apuesta por la luz

Lo que más me ha llamado la atención al cerrar el libro es la decisión de Banzas de apostar por la esperanza. La nota final de la autora lo dice con todas las letras: concibió la novela como una vela blanca en el horizonte. En el panorama actual de la novela española sobre la posguerra, donde el lamento y el ajuste de cuentas dominan el tono, esta decisión es minoritaria.

A mí me parece valiente. La esperanza, en literatura, no suele tratarse bien. Banzas se arriesga y consigue lo contrario. La luz que su libro propone no nace del olvido sino del trabajo lento de quienes vinieron después y siguieron viviendo.

Para terminar

Recomiendo Cuando el viento hable a varios tipos de lector. A quien busca una buena historia de infancia bien contada. También a quien le interesa la posguerra española narrada por insinuación, sin pancartas. Por supuesto, a quien aún se emociona leyendo sobre amistades verdaderas y sobre padres que enseñan a sus hijas a leer el mundo. Y. cómo no, a quien le guste Galicia tratada con respeto, sin postal.

Banzas llevaba cuatro novelas afinando una voz literaria propia. En esta quinta, esa voz suena ya completa. Estoy seguro de que el reconocimiento del Premio no le va a alterar el pulso. Al igual que estoy seguro de que el siguiente libro lo va a escribir con la misma convicción de que la buena literatura puede hablar bajo y aun así llegar lejos.

Hace tiempo que un libro no me dejaba esa sensación de haber pasado unas horas en casa de gente desconocida y haber salido sabiendo cosas sobre ellos que no esperaba aprender. Esta novela lo ha hecho.

Sobre Ángela Banzas

Ángela Banzas nació en Santiago de Compostela en 1982. Es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago y MBA por la Escuela Europea de Negocios de Madrid. Trabajó durante años en consultoría de Administración Pública antes de dedicarse plenamente a la escritura. Debutó en 2021 con El silencio de las olas, a la que siguieron La conjura de la niebla, La sombra de la rosa y El aliento de las llamas. Cuando el viento hable es su quinta novela y la primera con la que ha sido reconocida con un galardón de la magnitud del Premio Planeta. Vive en Galicia con su pareja y sus dos hijos.

Ficha técnica

  • Título: Cuando el viento hable
  • Autora: Ángela Banzas
  • Editorial: Planeta
  • Año: 2025
  • Páginas: 360
  • Premio: Finalista del Premio Planeta 2025
  • ISBN: 978-84-08-30329-2
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