Crítica de Inspector Solo

19 febrero, 2018
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19 febrero, 2018 Cristóbal Terrer Mota

Reseña de Inspector Solo de David Jiménez “El Tito”

Título: Inspector Solo

Autor: David Jiménez “El Tito”

Editorial: Versátil

Año: 2017

Páginas: 379 de pura adrenalina

Género: Novela negra

Calificación: 

Sinopsis de Inspector Solo

La vida de Marcial Lisón quedó marcada desde el mismo momento en el que el Asesino del café puso un pie en la ciudad de Cartagena. Conocer su identidad, dieciocho años después, lejos de haber supuesto un alivio para el inspector, hizo que descubriese que su pasado descansa sobre una mentira con la que es difícil convivir. Desde entonces, Sola, un galgo recogido junto a unos contenedores de basura, se ha convertido en su única familia. Su carácter hosco y alejado de lo políticamente correcto tampoco le ha permitido granjear grandes amistades; más allá de la de Zoe Ochoa, su compañera, y Sasha, una prostituta rumana con la que comparte algo más que sexo.

Despertar en el interior de su coche, frente al edificio de Sasha, sin recordar cómo ha llegado hasta allí, y descubrir que la han asesinado, solo será el comienzo de una vorágine autodestructiva que alcanzará su cénit cuando Marcial compruebe que Zoe lo ha traicionado. Pero ¿por qué no recuerda nada de esa noche? ¿Cómo gestionar una investigación en la que las evidencias se empeñan en convertirlo a él en el principal sospechoso?

Estos interrogantes sumirán la existencia de Marcial Lisón en una ingobernable zozobra en la que estabilizar su vida y demostrar su inocencia se convertirán en su verdadera obsesión

El viaje del antihéroe

Muchas ganas tenía de leer la novela “Inspector Solo” de David Jiménez “El Tito”. Y en este caso las grandes expectativas se han visto cumplidas. Estaba deseoso de leerla desde que llegó a mis manos el relato con el que el autor, participó en el primer libro de antología del Festival Cartagena Negra (La fea burguesía, 2017) llamado “Por cobarde“, para mí uno de los mejores relatos de esta recopilación imprescindible para los amantes del género negro.

En Inspector Solo, asistimos al particular descenso a los infiernos del inspector Marcial Lisón, un viaje solitario en el que deberá enfrentarse de nuevo a los fantasmas que se esconden bajo su cama, y a los que descubrimos tras la primera novela de su saga policiaca que arrancó con “Muertes de sobremesa“(Acen Editorial, 2016). Marcial no puede caer más bajo así que ahora simplemente le queda levantarse ¿o tal vez no?

La novela Inspector Solo es un doble recorrido, por un lado el viaje explícito por las calles de Cartagena, por otro el viaje por la mente de un personaje inolvidable, fantástico. Capaz de echarse a su espalda el peso narativo y estructural de toda la novela, un personaje de esos que es difícil olvidar. Los antihéroes están de moda en la literatura, el cine, o en la televisión, quizá porque hay algo oscuro que nos atrae hacia ellos. Marcial es un tipo duro, que solo cede ante las plegarias de su inseparable galga Sola, a la que recoge de un vertedero en la primera novela. Una fiel compañera de viaje, la única que lo mantiene aferrado con fuerza a la tierra, a la vida, a la esperanza. Un personaje lleno de aristas y multitud de escalas de gris que van del blanco al negro con una velocidad de vértigo. Un personaje que haría las delicias de canales como HBO y que bien merece una saga infinita de novelas.

Testarudo, inflanqueable, arisco, deslenguado y astuto. ¿Por qué el lector empatiza con este cabronazo desde las primeras hojas? ¿Nos sentimos reflejados en él? ¿Quizá sus miedos y su corazón a prueba de balas es una pose que todos tenemos en algún momento de nuesta vida? ¿Quizá le ocurre lo mismo que a mí? Supongo que estamos hartos de héroes perfectos a lomos de un corcel blanco, esos personajes están desfasados, tan tasnochados como irreales. Nos hemos llevado demasiados palos en la vida como para creernos sus mentiras, si ves a alguien así de bueno y perfecto, mi consejo es que desconfíes.

Y es que Marcial incluso desconfía de si mismo, de su propio lado oscuro, del oscuro pasajero que decía el personaje de Dexter Morgan (médico forense de día, asesino en serie de noche) en la serie de televisión Dexter.

Esta desconfianza está provocada porque todas las pruebas del asesinato de una prostituta llamada Sasha, a la que el inspector frecuentaba, apuntan hacia él. ¿Sería capaz el inspector de cometer un brutal asesinato? El pesado bagaje que arrastra en su  maltrecha mochila desde luego nos indican que sí, al igual que unas inmensas lagunas rellenadas únicamente por litros de alcohol.

Así que la lucha a contarreloj para atrapar al asesino es una lucha constante con él mismo, una batalla para intentar demostrar su inocencia, aunque quizá la única demostración que le interesa es hacia su propia persona, Marcial nunca ha sido alguien a quién le importe lo más mínimo lo que piensen los demás de él.

El hecho de que nuestro propio protagonista sea el culpable del asesinato hace que la novela sea una auténtica descarga de adrenalina. Con David Jiménez sobran los elementos superfluos y los subterfugios estilísticos. Él, como su alter ego Inspector Solo, son directos, van de cara y emplean un lenguaje que sólo puedes encajar como el que recibe un derechazo en la mandíbula. Si bien es cierto que el lenguaje es amplio y variado, tiene un estilo propio que te atapa en la lectura.

Pero no seamos pesimistas, hay esperanza en algunos personajes como su compañera Zoe Ochoa, al fin y al cabo Inspector Solo es una historia de segundas oportunidades, o así lo quiero ver yo, una oportunidad única de redención del héroe (perdón, antihéroe), una oportunidad para reafirmarse ante sí mismo.

Me encataría ver una serie de televisión ambientada en el particular imaginario de David Jiménez, perdonad que vuelva continuamente a las series pero los que me conocéis ya sabéis que mi vida se mueve en fragmentos de 40 minutos. Y es que a parte del mencionado Dexter, la novela me recuerda a la serie británica Marcella, en la que la protagonista también tiene episodios transitorios de locura que la hacen parecer culpable de un asesinato a ojos del espectador. Marcella, no en vano, es la primera incursión de Hans Rosenfeldt en la televisión británica. Hans es uno de los niños mimados de aquellas series  nórdicasque han llegado del frío y que tienen su razón de ser por la eclosión del nordic noir literario, y de novela negra, David Jiménez sabe un rato.

Conclusión

La novela está muy cuidada en cuanto a personajes (no toda la trama recae sobre Zoe y Marcial), en cuanto a ambientación (sofocante y claustrofóbica) y descripción del proceso policial, algo que “El Tito” conoce muy bien debido a la profesión que desempeña en la vida real como Agente de Vigilancia Aduanera, profesión a la que lanza un guiño en la novela.

Una novela muy recomendable, un estilo directo y claro y un personaje nacido para hacer historia. El pasado siempre vuelve y por eso creo que es más que recomendable comenzar la lectura de las andanzas de este inspector por la primera novela. Sobre todo para entender el proceso evolutivo que está sufriendo, para entender el tormentoso pasado que lo mantiene alejado de sus seres queridos. Para entender al inspector Solo.

Lo mejor: El personaje del inspector Solo.

Lo peor: No haber descubierto antes “Muertes de sobremesa”.

Enlaces de interés

DavidJimenezElTito.es

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Cristóbal Terrer Mota

Autor de la novela Cameron (Malbec Ediciones). Responsable del blog sobre series extranjeras Seriemaniac.com. Apasionado del cine, las series y la fotografía. La playa, viajar y la lectura son sus grandes pasiones.

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