Las religiones de Sofia

Viviana Vázquez

Las religiones de Sofia

  • AUTORA:

    Viviana Vázquez

  • FECHA

    05 abril 2026

  • CONTACTO

    vazquezviviana38@gmail.com

Yo soy el Alfa y la Omega

 (Apocalipsis 1,8)

Sofia pensaba que no había nada más interesante que las religiones. Sabía bien que el hombre es un animal religioso. La mitología y el estudio de las diferentes religiones ponen esta característica human en primer plano. No sabemos si los Dioses fueron inventados o significan el descubrimiento de una verdad que se nos impone. Y por ello, Sofia decidió hacer un viaje por una religión primitiva, es decir primera. Posiblemente, este proyecto tenía mucho que ver con ella misma. Sofía había sido educada en la religión católica pero la verdad era que aquellos preceptos nunca acabaron de convencerla. Quiso buscar más verdad y pensó que separándose de las religiones organizadas, podría encontrar algunas respuestas o interrogantes significativos.

Su investigación comenzó por hacer un análisis de la situación a nivel mundial. Hoy en día.

En primer lugar, descubrió que no se puede dudar de que los seres humanos nos hemos preguntado por el alma, el espíritu, la inmortalidad y la existencia de un más allá desde siempre. También siempre ha habido entre nosotros una atracción por lo extraño, por lo supranormal. Nos hemos preguntado por nuestro origen, nuestro destino y el sentido de la existencia humana. Todo esto dentro de la realidad de lo invisible y en un intento de escapar al carácter absurdo del hombre. Las grandes religiones siguen vivas y otras nuevas van surgiendo. Pero ¿por qué existe la adhesión a una religión? Las razones son varias: pertenencia social, tradición y a veces superstición. Esta búsqueda está en el fondo de toda religión. El intento de comprender aquello para lo que la ciencia no tiene respuesta o explicación. Cabe decir que también surgieron totalitarismos religiosos que han causado verdaderas guerras de religión.

¿Por qué este resurgir del sentimiento religioso? La primera respuesta es la crisis que afecta al mundo. Evidentemente, hay un fracaso en una economía de abundancia y progreso y esto trae angustia, malestar. Hoy asistimos a sequías, hambre, epidemias, endeudamiento, terrorismo, delincuencia y junto con todo esto sobreviene la decepción. Vivimos una edad del terror y los seres humanos estamos confundidos, insatisfechos y tenemos miedo. Así, necesitamos creer en una salvación, en la llegada de un juez que ponga las cosas en su lugar, que acabe con nuestro sufrimiento. Algunas personas hasta huyen del mundo y practican el monaquismo, esa vida religiosa en donde conviven la actividad espiritual, la renuncia a los bienes mundanos y una vida de ascetismo, oración y separación del mundo, en la cual se hacen votos de pobreza, castidad y obediencia.

Junto a este fracaso económico está el de las ideologías. El liberalismo no redujo las desigualdades entre países pobres y ricos. No hay ni crecimiento ni empleo garantizados y esto nos deja un horizonte oscuro del que, evidentemente nacen las aspiraciones espirituales. También el marxismo fue desacreditado con la gulag y las purgas stalinistas. Se podría decir que no existe el «socialismo real» Y, ya que no hay paraiso en la tierra, soñamos con uno en otro mundo. Esto significa un fracaso de las soluciones colectivas, un egoísmo, un individualismo sin precedentes. Entonces las personas nos replegamos en nuestra vida íntima, al calor de una religión.

También, las sociedades se han vuelto terriblemente racionalistas, sin tener en cuenta nuestra esfera espiritual, así entonces se produce un resurgir de lo irracional reprimido. Nos encontramos aprisionados en una existencia programada, etiquetada. Vivimos en un anonimato donde sólo hay relaciones funcionales, prácticas, útiles, eficientes. Así, buscamos relaciones más auténticas, de verdadera comunicación y calor humano. Los proyectos hoy en dia son personales y están relacionados con producir y consumir más. Hay un vacío y la religión lo puede llenar con su promesa de fraternidad. La sociedad supermoderna carece de significación y las religiones son espacios para respirar, expresarse, amarse y comprender. Por otro lado, el saber cada vez es más especializado, lo que lo hace fragmentario y relativo. Hoy es imposible dominar cualquier saber porque este cambia rápidamente. No hay idea de lo global, las cosas no se enlazan entre si y la técnica es cada vez más sofisticada. Con todo esto, nos encontramos en un proceso de búsqueda ante tanto desconcierto e impotencia.

Sofía, luego se preguntó si el retorno de lo religioso es mera protesta o nace de una fe profunda y duradera. Averiguó que los seres humanos debemos acostumbrarnos a vivir en un mundo en continua transformación. Pero, también hay que considerar que nuestra adaptabilidad tiene un límite. Si seguimos el ritmo acelerado de la sociedad actual podemos quebrar el equilibrio entre nosotros y el mundo, entre lo que deseamos y vivimos. Este quiebre puede traer desdicha. Los seres humanos necesitamos compensar en el mundo de la imaginación, el fracaso e incertidumbre de lo real. ¿Será entonces, la religión sólo una ayuda para vivir? Para analizarlo, Sofía recurrió a dos conceptos: el sentimiento religioso y la experiencia religiosa.

El primero es una necesidad afectiva de estar ligado a algo distinto de uno mismo, un sentimiento oceánico que nos conecta con todo lo que existe, una necesidad de penetrar en los misterios del mundo, en definitiva una inclinación hacia lo que no se ve, al misterio. Se traduce en un amor universal. La segunda es un encuentro con Dios. Algo absoluto, una energía con valores reconocidos. Es a la vez otro y uno mismo, inmanente y trascendente. La experiencia religiosa es una superación. Es salir de nuestros límites a una realidad distinta de lo cotidiano. Para algunos es luz, rapto, éxtasis. Es entrar en una dimensión fuera de nuestra existencia espacial y temporal, en un tiempo que no miden los relojes. Es sentirse asociado a otras vidas. Otra manera de leer lo real. En esta experiencia el mundo es un bosque de símbolos. Todo es signo o símbolo, un conocimiento profundo de que todas las cosas son más de lo que parecen, más que la totalidad de sus elementos, tienen una significación.

Sofia tenía ciertas creencias que no tenían que ver con la religión. Por ejemplo, creía que ser buena era mejor que ser mala o que estudiar era más noble que trabajar simplemente por un sueldo. Ella pensaba que un fenómeno tan malvado como la hipocresía podía entenderse teniendo en cuenta las creencias del hipócrita. Pero en este proyecto suyo, en este camino a través de lo primero, de lo primitivo, a Sofía le interesaba el concepto de fe. La fe es más que simple creencia. Es una verdad que escoge al fiel y no al revés. Se manifiesta como una adhesión, una fidelidad y un compromiso. Existe una relación profunda entre el fiel y el objeto de su fe y siempre hay una conformidad entre lo que cree y lo que vive. A su vez, esta fe no es individual sino que es compartida con una comunidad. Los integrantes de esta comunidad están ligados por una tradición, por unas creencias y ritos comunes. Conforman un grupo humano con una historia y un proyecto común. Luego de sopesar estas afirmaciones, Sofía se dedicó a analizar más a fondo el concepto de fe y lo que encierra el concepto de religión.

La religión, no se puede negar, tiene mucho que ver con la ideología. Aporta valores morales en los que se basa el sistema político. Por ejemplo, el catolicismo y la ideología monárquica han estado muy implicados durante mucho tiempo en Francia. El Islam, a su vez, rechaza las ideologías liberal y marxista. Así, la religión se convierte en un sistema de representación del mundo, con sus valores y comportamientos. Llega entonces, la religión a tener dos sentidos: el primero es modelar al hombre y a la sociedad a imagen del Dios que anuncia como así también las relaciones de ese Dios con los hombres. Y al revés: tiende a modelar a ese Dios según ideas e intereses. Así, Dios se convierte en la justificación suprema de nuestras concepciones filosóficas, sociales y políticas. Por ejemplo, la figura de Jesús que se fue convirtiendo en rey, en trabajador y en el primer revolucionario. La fe, en cambio, supera y cuestiona todas las ideologías. No explica el mundo sino que es el reconocimiento de una llamada a una vida perfecta, una llamada a ser más y a amar mejor.

En su investigación, Sofía descubrió que sí hay un renacimiento del sentimiento religioso pero también existen: la indiferencia, la huida, la disminución de la práctica y la infidelidad de los mismos fieles. Esta indiferencia religiosa es la actitud dominante de muchas personas. Aún hay, por supuesto, gente que busca apoyo en la oración, los ritos, las sectas, pero son más los que ignoran la plegaria, los que no se preguntan sobre los orígenes y el más allá de la vida.

Este materialismo es una manera de vivir. Hay una inexistencia de la preocupación por Dios. Hoy, la mayoría, son hombres unidimensionales que viven en un mundo horizontal que eliminó la trascendencia. Y el hombre es, por naturaleza, multidimensional. Es cuerpo y es espíritu, es inmanente y trascendente, está conectado con los elementos, vive con el recuerdo de sus antepasados. Actualmente, se vive una vida absorta en lo cotidiano, cuyo único porvenir es consumir el presente. A este se le suman los descubrimientos de la ciencia y el estudio de las religiones. Ambas cosas provocaron un escepticismo generalizado, un relativismo. La huida ha vaciado a muchas grandes religiones establecidas. Las razones para esta huida son varias.

En primer lugar el rechazo de tradiciones superadas, como por ejemplo la virginidad antes del matrimonio. Luego está el deseo de escapar de la violencia de las instituciones, liberarse de formas colectivas del creer. También existe un malestar ante grupos cerrados y no podemos dejar de decir, el desacuerdo con las autoridades religiosas. Además, los fieles ya no son lo que eran. Algunos se mantienen dentro de la religión por costumbre o necesidad de seguridad y no tanto por convicción. Esta huida, esta decepción con lo religioso también se debe a mentalidades y reacciones racistas o intolerantes. Además, es imposible encontrar la paz en los conflictos religiosos de hoy en día. Temas como el matrimonio, la contracepción o la pena de muerte ya no están ligados a leyes religiosas sino a la conciencia personal.

Hoy asistimos a un resurgimiento de la subjetividad, el intimismo y la libertad individual que prevalecen a los antiguos mandamientos. Parecería que cada uno se hace «su» religión. Este hedonismo comercializado sustituye a las tradiciones religiosas por nuevos ídolos y ritos. No tener religión, pensó Sofía, era como descartar los grandes interrogantes del hombre, era negar nuestra espiritualidad. Preguntas como ¿Soy fruto del azar o Dios tiene un plan para mi? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Hacia donde va el universo? Ninguna ciencia ha podido aún responder a estas preguntas, y las religiones aún se preocupan por ellas.

Sofia comenzó su aprendizaje por aquello originario leyendo sobre el paganismo y el animismo y descubrió que fueron los conquistadores de América, Asia y África que llamaron paganismo a cultos que eran considerados primitivos. Esta consideración se debió a que no pertenecían a ninguna de las religiones conocidas. Estas prácticas eran consideradas fetichistas, basadas en la idolatría y llenas de superstición y hechicerías. Así, el paganismo era considerado una religión rudimental y por lo tanto falsa. Sofía también se enteró de que, una vez que sociólogos y antropólogos estudiaran más a fondo estos ritos, comenzaron a ser considerados religiones tradicionales y se las llamó animismo. Es decir, la creencia en los espíritus y en las almas que viven y animan todo cuanto existe. Y esta creencia es el fundamento de toda religión.

Sofia se interesó por esta religión primitiva (por ser primera) y aprendió que el animismo SI es una religión, ya que comparte sus elementos con las otras religiones tradicionales. Por ejemplo, el animismo tiene certidumbres esenciales. La creencia en la realidad de un mundo invisible. Para el animismo, la tierra, los astros, los animales pertenecen a un cierto orden del mundo, todos los elementos del cosmos están vinculados a una divinidad y todo proviene de ese Dios supremo. Ese Dios es objeto de culto. El hombre depende de lo sobrenatural y posee una vida profunda. Para los animistas todo es religioso.

Una de las mejores características del animismo es la noción de ritmo. El ritmo de la naturaleza es lento. Los árboles tardan años en crecer, nuestras plantas también y hay que regarlas a diario en algunos casos. El día va lentamente dando paso a la noche y al revés. Sofia pensó que ese es el ritmo que deberíamos seguir los hombres, alejarnos de tanta prisa, de querer las cosas inmediatamente, trabajar nuestra paciencia. Además, supo Sofia, que el animismo posee una organización que remite a los esquemas religiosos. Hay funciones religiosas y sociales. El poder del rey o del jefe es de origen religioso. Luego están el anciano, el adivino, el médico, el chamán, el hechicero, que son una especie de sacerdotes, intermedios entre el grupo y la divinidad.

Existen estructuras, relaciones y jerarquías como en las grandes religiones organizadas. Supo Sofia que el animismo contiene los principios religiosos esenciales. Fue, el animismo, considerado pagano porque los ritos eran destinados a la tierra, los astros, el agua, los árboles o los animales. Sin embargo, constituyen esquemas profundos inherentes al espíritu religioso.

Existen diferentes nombres para referirse al alma. Esta puede ser un soplo, luz o un pájaro. Y, de la misma manera, el Espíritu Santo es representado por un «gran viento» o «una lengua de fuego» o una «paloma» El concepto de alma en el animismo comparte su dualidad con las grandes religiones: cielo-tierra, hombre-mujer, lo de arriba-lo de abajo, la luz-la oscuridad. Además, el alma puede abandonar el cuerpo y vivir independientemente.

Existen también, en el animismo, las nociones de pureza e impureza y así, todas las religiones tienen ritos de purificación, y delimitan una frontera entre lo profano y lo sagrado. Tanto en el animismo como en las grandes religiones, los ritos tienen funciones de gratitud, reparación o regenerar la fuerza vital. Se hacen sacrificios de acción de gracias o petición de favores. Se busca calmar al Dios ofendido, una especie de redención, de saldo de una deuda, la reparación de un desorden y las privaciones voluntarias como el ayuno, la abstinencia sexual, el silencio, el retiro o los sufrimientos buscados. Se busca restaurar lo sagrado. Así, aprendió Sofia que el ascetismo está en el corazón de toda vida religiosa. Además, no podemos dejar de hablar de la dualidad entre el bien y el mal, la recompensa y el castigo. Es decir una ética basada en la obediencia a unas prescripciones.

Después de aprender todas estas nociones sobre el animismo, Sofía se sintió identificada con él. Tenía un sentimiento religioso muy profundo. Se sentía enlazada a todo ser sintiente. Su vida interior se apoyaba en cuatro fundamentos: la generosidad, la paciencia, la disciplina y el esfuerzo.

La generosidad en Sofia iba de la mano de un gran sentimiento de empatía hacia todo ser que sufre. Cuando pensaba en lo pobres, en las privaciones que ellos padecían, en saber como despertaban muy temprano de madrugada para ir, por ejemplo, a trabajar en una fábrica en la que a todas luces eran explotados. Cuando pensaba en los niños de países pobres y como pasaban sus horas en la calle sin ese derecho inalienable que era el derecho a una educación. Así, Sofía sentía una pena profunda al ver como los derechos de los más pequeños eran sistemáticamente violados por un imperialismo que se llevaba todo lo que no fuesen ganancias por delante. Niños tan privados de todo que hasta se les privaba del derecho a soñar. Personas que perdían su trabajo en nombre de las supuestas «reestructuraciones» empresariales.

A veces, a Sofia, se le encendía una rabia dentro viendo todo tipo de injusticias. Sofía tenía un profundo resentimiento hacia el departamente de Recursos Humanos de las empresas. Los encontraba despiadados, inhumanos, crueles. Siempre recordaba aquella película sobre dos amigos que crecieron juntos en un pueblo y eran mejores amigos. Cuando llegó el momento de la educación superior, uno de ellos marchó a la ciudad a cursar estudios universitarios en Recursos Humanos. Una vez graduado, el que se había ido vuelve al pueblo y empieza a trabajar en RR.HH en una empresa. Allí le espera la difícil tarea de echar a quien había sido su mejor amigo durante años. Es decir a dejarlo sin trabajo a una edad en la que le resultaría difícil encontrar otro empleo, y con dos hijos que alimentar y cuidar.

Luego estaba la paciencia. Una de las virtudes que más le costaba desarrollar a Sofía. Ella había quedado huérfana a muy temprana edad y la primera paciencia que tuvo que practicar fue la de esperar a que el dolor desapareciera o al menos se hiciera menos intenso. Al recordar a sus padres, sentía un anzuelo clavado en su corazón. Pero ante el duelo por los seres queridos no podemos más que esperar, esperar a que el tiempo lo cure, si es eso posible. O al menos que lo mitigue. Paciencia también necesitó para no abandonar aunque los frutos tardaran. Y vaya si tardaban. Sofía prefería pensar que sí. Que con tiempo todo sana, todo cura. Necesitó paciencia también para acostumbrase a que el mundo es un lugar peligroso, lleno de engaños y egoísmo. Supo muy pronto que en la vida para todo hay que esperar y que muy pocas cosas son producto del amor.

Y finalmente, la disciplina y el esfuerzo iban en Sofía de la mano. Para ella ambas virtudes eran necesarias para realizar lo que más le gustaba: leer y escribir. El talento en estas disciplinas, Sofía lo sabía bien, era sentarse a leer y luego, o al mismo tiempo, sentarse a escribir. Y cuanto más metódico es uno, más mejoran estos dos nobles oficios. Disciplina para dedicar varias horas al día a estas actividades. Y esfuerzo por seguir haciéndolo aunque nada de lo que escribimos sea jamás publicado. Por eso el esfuerzo, el esfuerzo y la constancia de seguir aunque estemos completamente solos, escribir sin saber si alguien nos leerá alguna vez pero con la imperiosa necesidad de despojarnos de nuestros demonios.

Sofía también se enamoró del interés del animismo por lo misterioso, lo invisible, lo místico, por la experiencia religiosa auténtica. Ella había tenido un encuentro con Dios. La primera vez que recordaba haber tenido ese encuentro, era cuando estudiaba Letras en la universidad. Estaba sola en su piso leyendo un texto para un examen y el texto iba de la vocación de escritor. Sofia tuvo una especie de rapto. Vio como del papel, se alzaba, en relieve y con mucha luz, la frase «Eres escritora» En ese momento fue tomada por un caudal de emociones que le fue imposible controlar. Su cuerpo tembló y se tambaleó durante unos segundos. Esa fue su llamada. Sin embargo, no empezó a escribir hasta más tarde. Pero a partir de aquella revelación, nunca más dejó de «pensar» como una escritora, de «vivir» como una escritora.

En Sofia había una tendencia natural hacia lo religioso, hacia la fe verdadera. Lo descubrió mientras estudiaba el animismo. Estaba segura de que Dios o los Dioses eran una verdad que se nos imponía. Nunca había querido creer que la existencia del hombre era absurda. Tenía una fe ciega en la existencia del alma, del espíritu, de la immortalidad y el más allá. ¿Dónde estaba el ascetismo, que es constitutivo del fenómeno religioso, por ejemplo, en el Vaticano? ¿Frente a los fundamentalismos religiosos, donde habían ido a parar las relaciones auténticas, de verdadera comunicación y calor humano? Sofía experimentaba un vacío pero que no le llegaba de dentro, sino de fuera. No había casi nada en el mundo material que le interesara. Por eso era que pasaba largas temporadas de aislamiento en su casa, con libros y escribiendo. El afuera era muy cruel para alguien tan senible como Sofia.

Cuánto odio en las ideas radicales, cuanta mentira en gente que se dice religiosa, cuánto miedo, confusión e insatisfacción había en el mundo. Con el animismo, Sofia entendió que había que volver a lo más primitivo, a lo antiguo. Que la humanidad debía ser salvada de la ignorancia, la estupidez y el egoísmo. Sofia había llegado a pensar mientras estudiaba el animismo, que lo mejor sería practicar el monaquismo. Pero a la vez creía que necesitaba de los otros. Sentirse reflejada en las pupilas de sus semejantes. Ahora todo era funcional, eficiente, con una necesidad de ganancia y de éxito.

Y, luego, está la ética. Sofia tenía muy clara la diferencia entre el bien y el mal y siempre intentaba tender hacia el primero. Le gustaban lo que ella llamaba retos morales. Esas situaciones en las que tenemos que decidir entre dos opciones imposibles. Por ejemplo: ¿Si quieres mucho a tu hermano y te enteras de que ha matado a alguien, lo delatarías? ¿Si te ofrecen mucho dinero por hacer un daño brutal a alguien, lo aceptarías?

Así, Sofia descubrió que sería necesario revisar todos los preceptos de las religiones organizadas. Las diferentes iglesias tienen la obligación de despojarse de lo material, de lo irrelevante y sumergirse en las verdaderas verdades religiosas. Las grandes religiones deben dejar de ser lujosas torres de marfil y salir a la calle a luchar por los más desprotegidos. La religión debe ser un encuentro con Dios, en el que todo lo superficial desaparece y sólo queda el alma desnuda, tal como es, que busca una verdadera comunión con todo lo que habita el universo.

Tres pasiones Viviana Vázquez

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