Las novias de mi hermano

Viviana Vázquez

Las novias de mi hermano

  • AUTORA:

    Viviana Vázquez

  • FECHA

    14 mayo 2026

  • CONTACTO

    vazquezviviana38@gmail.com

En los días que corren la gente sabe el precio de todo y el valor de nada.

 Oscar Wilde

Nunca antes había decidido hablar en profundidad sobre mi hermano, más que nada porque, hay que decirlo, mi hermano se manejaba en un espacio bien definido que seguía la lógica plasma. Cada una de sus afirmaciones o creencias estaba subterráneamente sostenida por la frase «Lo dijeron por televisión» y, hay que decirlo, esto le quitaba, como mínimo, interés.

 No digamos que cuando murió quedó sólo aire en el espacio que habitaba. No. Me advirtió, hay que decirlo, sobre el peligro de no comprarme una casa y un coche. Mi hermano era un tipo muy actual. Me animo a decir cool. Siempre al día. Recuerdo una anécdota. Estando en su casa, por pura curiosidad, le mencioné, al pasar, como quien no quiere la cosa, que pasarían en horario central un documental sobre «Ser y Tiempo» de Heidegger. Su expresión, al oir estas dos palabras evocó en mi mente la frase «¿De qué me habla esta tipa?» Y después de pronunciar un «Mjm» se levantó de la mesa y en ese momento se le cayeron las llaves del coche del bolsillo derecho.

Adaptándome a la situación rápidamente, porque, hay que decirlo, no me gusta desentonar – al menos no todo el tiempo- encendí el aparato mientras él volvía a guardar las llaves, esta vez en el bolsillo izquierdo. Pasé, mostrando una vez más mi posibilidad de adaptación a la, digamos, contingencia, por tres canales. 

En el primero, me pareció que ponían una película. Los actores se veían bien seguros en su papel. Escenas con mucha luz. No pude captar el tema del que hablaban. Iban muy rápido. En el segundo, un gordito cocinaba carne y en el tercero y último, había una publicidad de una crema anticelulitis. Para mujeres.

Me deprimí un poco y me culpé por los fallos en mi intento de adaptarme. Sin embargo, dejé la publicidad, por la tendencia, tan de ahora, de quedarse con lo último. «Estoy de novio» me dijo. ¿Dónde había escuchado eso antes? me pregunté. Mi hermano estaba ajeno a lo anacrónico de los términos novio / novia. Es que, hay que decirlo, dentro de un ambiente tan modernamente diseñado, la palabra novio era curiosa, por lo menos.

Yo tenía una sensación muy clara de que estaba a punto de vivir un déjà vu. No lo aplacé. Me hacía ilusión, por más breve que fuera, un encuentro con el pasado. Lo bueno de todo esto era que, al conocer de antemano el contenido de la conversación podía pensar en otras cosas, también del pasado. Vino a mi mente, en ese momento, la frase «¿Se puede decir algo sobre la nada?» Fue ahí cuando me di cuenta de que había olvidado el tema de mi relato. Entonces, volví a mi libreta y leí, al margen, «Las novias de mi hermano» Y como no tenía nada para decir, borré el documento y me sumergí en una relectura de Qué es Literatura.

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