Viviana Vázquez
La niña que inventó a Dios
AUTORA:
Viviana Vázquez
FECHA
14 mayo 2026
CONTACTO
vazquezviviana38@gmail.com
And light it up forever
Un pueblo sin Dios. Un pueblo antes del Génesis. Un pueblo en donde todo estaba mezclado. Un pueblo donde reinaba la confusión. Un pueblo cuyos habitantes no distinguían el bien del mal. Un pueblo de perezosos. Un pueblo donde los niños conocían cosas que no deberían conocer. Un pueblo de gente deformada por el mal. Un pueblo en el que era imposible encontrar justos. Un pueblo cuyos habitantes hacían algo sin saber en absoluto lo que hacían y nunca meditaban sobre ello. Un pueblo enfermo. Un pueblo atravesado por actos de perversión. Un pueblo sin vergüenza ni empatía. Un pueblo pleno de desobediencia y soberbia. Un pueblo que desconocía la imperante necesidad de conexión con el terreno divino, con todo lo que contenía. Un pueblo en donde los vicios del alma eran inculcados fuera de cualquier tradición. Un pueblo en donde la sombra no era un secreto. Un pueblo en el cual la ausencia de luz era abominable. Un pueblo que carecía de las condiciones para que surgiera una comunidad pacífica. Un pueblo en el que la excepción era la regla.
En ese pueblo había una niña. Una niña que podía ver la oscuridad de los demás habitantes. Una niña a la que le fueron revelados los secretos de Dios. Una niña a la cual las plantas y los animales le hablaban de cosas lejanas y luminosas. Estos seres lloraban en la lluvia para esconder sus lágrimas. Estos seres lloraban echando de menos las fábulas de un pasado ético y eterno. Estos seres se angustiaban porque todo en este pueblo era perecedero. Esta niña tenía premoniciones que la inquietaban pero al intentar compartirlas, era ridiculizada. Esa niña supo que si existía toda esa oscuridad, en algún lugar debía de haber luz. A esa luz la niña la llamó Dios y dijo:
– Dios es artista. Con sus acuarelas pintará paisajes. Con el viento, las ramas de los árboles danzarán – La niña dijo:
– En el principio estuvo la música y la palabra. Los pájaros cantarán melodías armoniosas. Los hombres nuevos contarán historias que quedarán grabadas en la conciencia de la tradición.
Y añadió:
El mundo será un escenario y los hombres seremos actores interpretando un guion del que, a veces seremos dueños y, otras veces, seremos arrojados al tablado y no recordaremos o no sabremos nuestras líneas.
Ahora todo era tinieblas, desorden y vacío. Los hombres sufrían una imperdonable debilidad. No lograban recobrar la dignidad perdida. Todas las palabras pronunciadas por los hombres de este pueblo eran de una mentira y falsedad evidentes. Estos hombres ni siquiera dudaban de sus actos, sin darse cuenta de que huían de ese inevitable encuentro con uno mismo.
En la niña existía un desacuerdo con sí misma, un antagonismo entre sus necesidades internas y lo que los hombres de ese pueblo hacían y sentían. La niña tenía esencia. El resto del pueblo sólo tenía existencia. La niña sabía que no tener esencia, alma, era un gran problema, ya que la existencia desnuda no era nada. Los hombres de este pueblo no eran capaces de elegir bien. Aquella obligación de tomar las mejores decisiones, de construir algo auténtico con nuestra vida interior, era ignorado por los habitantes del pueblo. La esencia, en cambio, funcionaba como un faro en la negra noche, una guía, un cielo del Norte. Pero ¿en que consistía exactamente la esencia de la niña?
La esencia era, principalmente, una sensibilidad a todo lo que nos rodea. La esencia, los que nacían con ella, era buena por definición. Ahora, los que no la tenían, los que sólo tenían existencia, tenían un camino más arduo, ya que la existencia sí podía ser mala. Y esto es lo que había pasado con los habitantes de este pueblo: habiendo tenido opciones, habían elegido el mal en lugar del bien. Este pueblo había sido creado por el Rey de las Tinieblas, pero uno de sus colaboradores, se rehusó a crear tanto mal y fue expulsado del infierno, condenado a vagar por el cielo. La niña tenía una conexión de unidad con este espíritu bondadoso. Lo que la niña sostenía era una especie de conocimiento arcaico pensado por este antiguo angel negro. La niña también habló de la ira de Dios. Ésta se manifestaba cuando nos dejábamos tentar por el mal. Dios necesitaba la ayuda de los hombres para poder obrar. La niña había visto un rayo de luz en una mujer del pueblo, una mujer que eran dos: noble, empática y sensible al dolor de los demás de día, y pérfida, maligna, egoísta y misteriosa por la noche. Los demás habitantes del pueblo sólo poseían los vicios.
Una tarde la niña se reunió con la mujer y le dijo:
– Hay una esperanza para este pueblo. La esencia ultraterrena de Dios. Pero es algo invisible y su morada es el cielo.
La mujer respondió:
– Ningún habitante creería en algo que no se puede ver. ¿ Cómo podemos demostrar la existencia de esta luz?
– Debemos comenzar por introducir la conciencia, los escrúpulos. Hay que lograr que al menos algunos de los habitantes reflexionen sobre sus actos.- Sugirió la niña. – Los habitantes de este pueblo tienen que saber que la conciencia se manifiesta negativamente. Tenemos que lograr que sientan vergüenza o remordimiento si sus actos son descontrolados o irreflexivos. Los hombres deben querer actuar de acuerdo con máximas o reglas que podamos querer como leyes universales. Necesitan una guía que ordene su comportamiento. Necesitan sentir una obligación absoluta e incondicional de adoptar conductas que sean buenas para ellos y sus semejantes. Deben querer actuar por el deber. Necesitan un dictador bueno.
– Pero esto supone un cambio drástico en el obrar de los hombres – dijo la mujer.
– Sí. Tal vez con los hombres no lo logremos pero podemos comenzar con la educación de los niños. – reflexionó la niña.
– ¿Qué propones? – preguntó la mujer.
– Propongo un colegio que no sólo imparta conocimiento teórico, sino también una sólida educación en valores, que temple el carácter y que inculque la diferencia entre el bien y el mal. Esta escuela será así:
# Lo primero que tienen que saber nuestros alumnos es que todo lo que escuchen y lean debe ser cuidadosamente analizado. Ningún conocimiento puede ser asimilado sin ser cuestionado.
# Con respecto a los valores, se inculcará amor, empatía y compasión.
# Los alumnos serán instruidos para poder diferenciar el bien del mal.
# Se buscará que los estudiantes maduren pero dentro de la edad que tengan. Queremos niños de corazón puro e ingenuidad y estas características deben extenderse en el tiempo lo más posible.
# Los alumnos recibirán una completa educación filosófica, en la cual serán alentados a reflexionar sobre la moral y su conducta.
Y hay mucho más que iremos haciendo según las necesidades- concluyó la niña.
Y así la niña y la mujer de este pueblo poco a poco fueron levantando lo que fue la primera escuela de este nuevo comienzo, construyendo y preparando el terreno para el hombre nuevo.
