Entrevista a Melissa Alvarado Sierra

4 noviembre, 2026
4 noviembre, 2026 Cristóbal Terrer Mota
Melissa Alvarado Sierra

«Una maravilla cabe en una servilleta mal doblada», escribe Melissa Alvarado Sierra (Cayey, Puerto Rico, 1981). La frase da una pista de su manera de mirar. En sus poemas, un recipiente viejo puede guardar una historia familiar y el olor del arroz con dulce puede devolverla a una isla. Escritora y editora, con textos publicados en medios como The New York Times, Orion y Catapult, Alvarado Sierra reúne ahora esa atención a lo cotidiano en Las olas arden, su primer poemario, publicado por la prestigiosa editorial argentina Buenos Aires Poetry y editado por el reconocido poeta argentino Juan Arabia. El diseño del libro, incluida la portada, estuvo a cargo de Camila Evia. Entre los recuerdos de Cayey y la vida en Santa Cruz, el libro se acerca a la enfermedad, la pérdida y las contradicciones de volver a casa. También hay una colaboración familiar. El arte de portada es de Bryan Alvarado Sierra, hermano de la poeta.

1. En Las olas arden, el mar puede llevarnos a casa y también destruirla. ¿Cuándo dejó de ser un lugar seguro?

Creo que vivir cerca del mar implica conocer esas dos posibilidades. Puedes pasar una tarde tranquila navegando y saber que esa misma agua guarda una historia terrible. En el libro hay placer, familiaridad y miedo. La frase del título aparece en «Ancestra», cuando una mujer taína advierte que las olas siguen ardiendo. Me interesaba esa dificultad de declarar que algo ya pasó cuando sus consecuencias siguen presentes.

2. También hay una niña que intenta detener el tiempo para no volver a casa. ¿La infancia se recuerda mejor desde lejos?

Desde lejos se recuerda distinto. Hay cosas que adquieren una importancia enorme y otras que casi desaparecen. En «Las curvas», la niña quiere prolongar un momento muy específico, quedarse jugando un rato más. Ese deseo me resulta reconocible todavía. A veces una quisiera quedarse en una tarde, en una conversación, antes de saber lo que viene después. La escritura permite mirar ese momento durante más tiempo.

3. Sin embargo, un poema dice «No hay regreso» y el último se titula «Regreso». ¿El libro cambia de opinión?

Sí, y me parece que tiene derecho a hacerlo. La relación con un lugar cambia según lo que estás viviendo. Hay momentos en que volver parece imposible porque ya cambiaste tú, cambió tu familia o desapareció aquello que recordabas. Después puedes descubrir otra manera de estar allí. El libro comienza con un epígrafe de Julia de Burgos sobre esa multiplicidad. Quería dejar espacio para esas voces que conviven en una misma persona y que a veces se contradicen.

4. Entre Puerto Rico y Santa Cruz, buena parte de la pertenencia parece resolverse en una cocina. ¿Por qué tienen tanta importancia la comida y los objetos domésticos?

Porque ahí ocurre una parte enorme de la vida. En «Pan de agua» aparece un recipiente viejo que ha pasado por distintas manos de la familia. Lo lavas y empiezas a preguntarte quién lo usó antes, qué guardaba. Algo muy corriente puede abrir una historia. También me gusta cómo viajan las costumbres. Puedes mudarte y llevar contigo una manera de cocinar, una planta, cierta forma de guardar las sobras. Esas cosas van haciendo hogar.

5. La enfermedad ocupa una sección importante. ¿Le preocupa que termine condicionando toda la lectura del poemario?

Es una posibilidad, porque una experiencia así llama mucho la atención. Pero la persona que atraviesa un tratamiento también tiene recuerdos de infancia, deseos, humor, una relación con su país. Todo eso sigue existiendo. En «Háblame del rosa» aparece mi incomodidad con algunas formas públicas de hablar de la enfermedad. Hay un lenguaje muy preparado alrededor de ella y, cuando te toca vivirla, necesitas palabras que puedan contener también el cansancio, el miedo y la ayuda de tu madre.

6. «A Danielle» se acerca a otra experiencia difícil de contar, la de seguir viviendo después de una muerte que pudo haber alterado su propia familia. ¿Cómo se escribe sobre alguien que ya no puede responder?

Con muchas dudas sobre lo que una puede decir. En ese poema hay cosas que se cuentan y otras que se imaginan. La palabra «imagino» importa porque señala hasta dónde llega mi conocimiento. Puedo intentar acercarme a esos últimos momentos, pero no sé cómo fueron. También quería que Danielle estuviera presente en su risa, en su trabajo, en su manera de hablar del viento. La pérdida deja preguntas que el poema conserva.

7. El libro pasa del verso breve al poema en prosa. ¿Cómo sabe qué forma necesita cada experiencia?

Me ayuda escuchar cómo avanza. Hay poemas que necesitan detenerse mucho, dejar una palabra sola, interrumpir la respiración. Otros necesitan contar una secuencia para que se entienda el peso de lo que ocurrió. «A Danielle» pide esa continuidad narrativa. En «Pan de agua», en cambio, las palabras terminan dispersándose por la página. Me interesa lo que sucede cuando una frase cambia de lugar, cuando cortas un verso y una palabra se queda esperando a la siguiente.

8. Su lenguaje suele ser cercano. Aparecen una Malta India, un tupperware, una libreta escolar. ¿La formación literaria alguna vez le hizo desconfiar de esas palabras?

La formación te vuelve consciente de muchas decisiones y a veces puedes pensarlas demasiado. A mí me interesa conservar la precisión de esos nombres. Una Malta India sitúa una escena de una manera particular. La libreta Jean Book también tiene una textura, una época, un lugar. Son cosas que pertenecen al mundo de los poemas. Quiero que quien lea pueda entrar en ese mundo y después encontrar allí algo que le resulte menos fácil de nombrar.

9. Después de publicar en otros géneros y estudiar literatura durante años, ¿qué fue lo más difícil de entregar este primer poemario?

Aceptar que podía terminarlo. Siempre puedes volver a una línea, cambiar un corte, reconsiderar el orden. Llega un momento en que tienes que decidir qué libro has escrito y dejarlo salir. Este reúne una etapa de mi vida y una manera de mirar que seguramente seguirá cambiando. Ahora también tengo ganas de trabajar en una novela. Me hace bien pensar en lo próximo y darle a este libro la oportunidad de encontrar lectores.

10. ¿Y qué le gustaría que esos lectores encontraran?

Me gustaría que se quedaran con alguna imagen, aunque fuera una distinta de la que yo esperaba. Una niña escondida detrás de un tanque de agua, una fruta sobre la mesa, unas aves reparando su nido. Escribir te hace prestar atención a cosas que podrías haber dejado pasar. Si alguien termina el libro y mira durante un poco más de tiempo algo de su propia vida, me gustaría haber contribuido a eso.

Melissa Alvarado Sierra

Cristóbal Terrer Mota

Autor de la novela "Cameron" (Malbec Ediciones) y del ensayo seriéfilo "De Los Soprano a Juego de tronos". Responsable del blog sobre series Seriemaniac.com. Diseñador web, locutor de radio y creador de contenido. Apasionado de la fotografía, la playa y la lectura.

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