Reseña de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

27 julio, 2020
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27 julio, 2020 Jesús Boluda del Toro

Reseña de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

Obra: Viaje al centro de la Tierra

Autor: Julio Verne

País: Francia

Editorial: Diversas editoriales

Año: 1864

Páginas: 259 páginas

Género: Aventuras y ciencia ficción

Calificación:


El Autor

Cinco cosas que no sabías de Julio Verne - Historia

Julio Verne (nacido el 8 de febrero de 1828 y fallecido el 24 de marzo de 1905) fue uno de los grandes autores de las novelas de aventuras y ciencia ficción del siglo XIX. Destacó por su capacidad de anticipación tecnológica y social, motivo que le ha llevado a ser considerado como uno de los padres del género de la literatura de ciencia ficción y la “moderna” novela de aventuras de su época, prediciendo muchos de los inventos tecnológicos del siglo XX en sus obras.

Nacido en una familia adinerada y siendo el mayor de cinco hermanos, Verne disfrutó de una buena educación y ya de joven comenzó escribir narraciones y relatos sobre todo de viajes y aventuras. Mantuvo una relación conflictiva con su padre debido a su gran autoridad, llegando a no volver a visitar su hogar al alcanzar independencia económica. Debido a su prematuro enamoramiento no correspondido por su prima a los once años, desarrolló una gran aversión hacia las mujeres, no fue hasta 1857 que se casó con un viuda rica, madre de dos hijas, y cuatro años después tuvieron su único hijo juntos, Michael Verne.

Antes de ingresar a la Universidad, estudió filosofía y retórica en el Liceo de Nantes, posteriormente, viajó a París y se licenció en Derecho. En 1848 escribió sonetos y algunos libretos de teatro y conoció a la familia Dumas, la cual influenció mucho en sus futuras obras y le ayudó a difundirlas. En 1849 aprobó la tesis doctoral de Derecho pero se decidió por la escritura consiguiendo la decepción y aversión de su padre, quien pretendía que ejerciera como abogado.

Verne se entregó a la literatura pese a no contar con apoyo económico alguno. Sus primeras obras no tuvieron mucho éxito, por lo que tuvo que compaginar su pasión por la escritura con la docencia para sobrevivir. Emprendió varios oficios cómo secretario o agente de bolsa antes de poder vivir de sus escritos.

A partir de 1850 comenzó a publicar y trabajar en el teatro gracias a la ayuda de Alejandro Dumas. Sin embargo, es con su viaje de 1859 a Escocia cuando Verne inicia un nuevo camino gracias a su serie de los Viajes extraordinarios, de los que destaca Cinco semanas en globo o La vuelta al mundo en 80 días. El éxito de las novelas fue en aumento y con el apoyo de su amigo y editor Hetzel tuvo grandes ventas. Verne era un auténtico adicto al trabajo, pasaba días y días escribiendo y revisando textos.

En 1886, su sobrino Gastón, con el cual tenía una relación cordial sin motivo alguno, le disparó en una pierna, provocándole una cojera de la que no se recuperaría. Después de esto, y de la muerte de su madre y de su amigo y editor, Verne publicó sus últimas obras con un toque más sombrío que la alegre aventura de sus inicios. En 1888 fue elegido concejal del Ayuntamiento de la ciudad de Amiens, ejerciendo el cargo por 15 años.

Julio Verne murió en Amiens el 24 de marzo de 1905 con 77 años. Tras su muerte, su hijo, Michael Verne, siguió publicando algunas obras bajo el nombre de su padre, lo que ha creado cierta confusión en la autoría de algunos libros.

Sinopsis

El obstinado profesor Lidenbrock descifra un criptograma del alquimista Arne Saknussemm y llega a la conclusión de que es posible viajar al centro de la Tierra, Por el cráter de un volcán apagado desciende junto a su escéptico sobrino Axel, y Hans Bjelke, un imperturbable guía. Su esfuerzo y su coraje son tan grandes como la perplejidad que sienten entre abismos, mares de lava, rebaños de mastodontes o vegetación antediluviana.

Mi crítica

Es curioso ver cómo se disfruta o se sufre de la literatura dependiendo de la edad, el estado de ánimo o incluso la época del año. Hace más de veinte años que leí por primera vez este libro. De aquel momento, en mi mente posa el sentimiento de haber descubierto un mundo maravillo. Percibí que era factible vivir encima de un mundo subterráneo como el que Verne describe. No me paré a discutir la veracidad de los hechos, ni tan siquiera a pensar en cómo se pudo documentar tan escrupulosamente en cada detalle de la novela. La disfruté. Únicamente hice eso, y así quedó grabado en mi mente.

Cuando decidimos crear el mes de los clásicos en El quinto libro, fui el último en elegir autor y novela. Dejé a mis compañeros que lo hicieran antes, más por curiosidad de ver por qué derroteros nos movíamos que por otro motivo. Al ver que ninguno de ellos eligió al bueno de Julio, supe que este escritor no podía faltar en la la lista. Por un par de días pensé que, con las reminiscencias que aún revolotean en mi mente de la obra tendría bastante para crear la reseña, y así dedicar mi escaso tiempo a otras lecturas que me esperan. Pero al tercer día, como si de una resurrección se tratase, mi pensamiento fue otro. El correcto, el que toca. Debía volver a leer la historia del frikazo del profesor Lidenbrock. Porque, aunque el término no estaba acuñado, ya os aseguro que este señor era un friki de libro, nunca mejor dicho.

Y hoy, al escribir la reseña, lo hago con un regusto extraño, a medias entre dulce y amargo. El dulzor me llega de saber que gracias a libros como este continué leyendo, pues en la época que realicé la primera lectura fue la del descubrimiento de las aficiones, la de ir conociendo el mundo y elegir qué te gusta y qué no. Seguramente si el libro y el escribiente hubiesen sido otros, no estaría ahora ni en este blog, ni mucho menos en este mundillo literario del que tanto disfruto.

El toque amargo lo imprime el hecho de darme cuenta que ya no disfruto tanto de la lectura. Ahora me fijo mucho más en los detalles, pienso en cómo se habrá documentado (ojo, Verne era un trabajador pertinaz, y el trabajo de documentación de esta novela no tuvo que ser moco de pavo. Solamente hay que ver las innumerables referencias a la geología), en la forma de montar una trama tan delicada como esta.

Cuando anoche acabé y cerré el libro, noté que los sentimientos hacia la novela han cambiado. Ni para bien, ni para mal. Simplemente han cambiado.

Y ahora, porque supongo que has llegado a esta reseña para conocer un poquito de la novela, no de mis pajas mentales, te contaré que es una maravilla literaria, y más si te digo que cuando se escribió, allá por 1864, el mundo seguía estando cuerdo. Verne optó por contar una historia donde un profesor y su sobrino deciden, tras descifrar un criptograma, viajar hasta Islandia (merece una reseña aparte la Islandia pobre, trabajadora, alejada del turismo y las auroras boreales que tan maravillosamente describe Verne) para descender por el cráter de un volcán e ir descubriendo un mundo debajo de nuestros pies.

Aunque he comentado anteriormente que se hacen muchas referencias a la geología, no debes tomarlo como algo negativo. Verne, gracias a su fantástica prosa, lo introduce con agilidad, y queda totalmente embutido en una lectura fácil.
Respecto al elenco de personajes, es resaltable el hecho de que para tan fantástico viaje apenas haya utilizado a tres. El profesor, su sobrino y el guía. El resto son tangenciales, y pasan de puntillas por la historia. Eso sí, se crea un contrapunto maravilloso entre el globo que tiene por cabeza el profesor y la cordura representada en Axel, el sobrino. Este hecho adereza a la novela de un cierto punto de humor agradecido y bien venido, sobre todo en los pasajes más claustrofóbicos. Por tanto, no existe conflicto alguno entre ellos, más allá de las discusiones entre tío y sobrino por las dudas de llevar la empresa a buen puerto (el guía pasa de todo y de todos, lo único que le interesa es el pago semanal ), lo que me lleva a elogiar al autor, por mantener el cesto con tan poco mimbre.

Quiero apuntar que, a mi parecer, existe un cuarto personaje, que rota a lo largo de la novela. No es otro que el submundo que van descubriendo y que protagoniza los pasajes de la historia a medida que avanza. Plantas, animales, huesos… ¡No! No salen dinosaurios como en la adaptación de cine (por favor, que alguien le retire la licencia al productor que lo permitió), pero sí mastodontes, y una pelea entre dos seres marinos enormes.

De los escenarios no te voy a hablar, pero sí te diré que Verne trabaja los detalles sobre ellos con la delicadeza de un orfebre.

Cierro mi reseña recomendándote que leas esta novela como lo que es. Un escrito del siglo diecinueve. No te preocupes en preguntarle a San Google si tal afirmación es veraz, o si cual pasaje es factible. Disfruta de ella como lo hizo la gente que la leyó cuando se publicó. En aquel momento la única forma de visualizar una historia como esta era haciéndola real en tu mente, dejando volar la imaginación y adentrándote junto a Axel y el profesor friki a las entrañas de la Tierra a través de las páginas de un libro.

P.S. La imagen que ilustra esta reseña es la portada original de la obra.

 

 

 

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Comment (1)

  1. Rubén

    Me encanta tu reseña, pero no estoy de acuerdo en San Google, este ayuda a ver todo el trabajo de información verad que hay en la obra. Eso convierte a Verne en un autor muy especial.
    Gracias por la reseña y buen trabajo.

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