Reseña de El viento comenzó a mecer la hierba

21 junio, 2020
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21 junio, 2020 Pilar Fernández Senac

Reseña de la novela El viento comenzó a mecer la hierba

Título: El viento comenzó a mecer la hierba

Autora: Emily Dickinson

Editorial: Nordica libros

Páginas: 103

Año: 2012

Género: Poesía

Valoración:

Sobre la autora

Emily Dickinson (Amherst, Massachusets, 1830-1886). Poetisa estadounidense. Pasó gran parte de su vida recluida en una habitación de la casa de su padre en su Amherst natal. Autora de una obra sencilla y profunda que la ha situado en el panteón de poetas fundacionales estadounidenses que hoy comparte con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman.

Excepto cinco de sus poemas (tres de ellos publicados sin su firma y otro sin que la autora lo supiera), su ingente obra permaneció oculta e inédita hasta después de su muerte.

Sobre el ilustrador

Kike de la Rubia (Madrid, 1980). Diversas motivaciones le llevaron a transitar por diferentes materias: hacia la arquitectura, hacia la escenografía y hacia la fotografía, llenando en cada estadio montones de hojas de apuntes con dibujos.

De manera casi inevitable se topó con la ilustración y a ello se dedica desde no hace demasiado tiempo. Ha ilustrado varios libros y realiza carteles para obras de teatro de manera habitual. Su obra ha sido seleccionada en diversos concursos y certámenes y se ha expuesto en España e Italia.
Tiene miedo de las multitudes y del ruido, por eso vive en una gran ciudad.

Sinopsis

Emily Dickinson fue una mujer inteligente, rebelde y culta que, en su encierro voluntario en la habitación de su casa en Amherst, construyó una de las obras más sólidas de la literatura universal.

Como señala Juan Marqués en la presentación, sus poemas «además de ser escritos, en principio, exclusivamente para la inmensa minoría de sí misma, fueron, a un tiempo, complicadísimos y simples, alegres y triste, transparentes y enigmáticos, Son poemas que acompañan y ayudan a vivir a quien los lee, que enseñan a observar mejor, que obligan a ser más compasivo»

Aunque su obra es muy extensa, hemos preferido editar un libro pequeño íntimo, dickinsoniano, para lo que ha sido fundamental la visión poética de las ilustraciones de Kike de la Rubia. «No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y más solitaria que la de esta mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo, y temerlo.» José Luis Borges.

Mi opinión

A lo largo de mi tiempo participando en el blog ya he hablado de alguna que otra lectura, no obstante, esta va a ser la primera de ellas que logra la máxima puntuación. No solo porque la obra de Emily Dickinson me parece una maravilla, sino porque este libro, El viento comenzó a mecer la hierba, es una pequeña joya. Es pequeño en tamaño, pero no os confundáis, porque en sus apenas cien páginas, hallaréis veintiocho poemas de la autora, en español y en su idioma original, e intercalándose entre sus palabras, unas preciosas ilustraciones de Kike de la Rubia.

No podría decir que sea una lectora voraz de poesía, sin embargo, sí que suelo leer este género literario de vez en cuando, sobre todo, cuando siento que mi alma tiene sed. La poesía suele removerme al tiempo que me calma, me hace pararme en la vorágine lectora y degustar cada poema despacio y repetidas veces.

«La esperanza es esa cosa con plumas

que se posa en el alma

y canta una canción sin letra

y nunca, nunca se calla

Soy una gran admiradora de Emily Dickinson, su biografía es una historia de retiro y soledad, y de unas letras que repartía en pedazos de papel y que guardaba para sí, y que solo pudimos conocer tras su muerte. Sus versos están revestidos de una engañosa sencillez que, a mí, personalmente, me fascinan, porque cada vez que los leo, descubro algo nuevo en ellos. Supongo que eso es algo que tiene la poesía, que se amolda a las necesidades de tu alma, de ese yo más desconocido que no siempre necesita las mismas palabras, aunque sean esas mismas palabras las que te susurren algo diferente.

Uno de los poemas que ocupa las páginas de este libro, aparece en mi primera novela. Me llegó tanto cuando lo descubrí, que sabía que tenía que aparecer en alguna de mis historias.

«Temo a la persona de pocas palabras

Temo a la persona silenciosa

Al sermoneador, lo puedo aguantar

al charlatán, lo puedo entretener

pero con quien cavila

mientras el resto no dejo de parlotear

con esta persona soy cautelosa

Temo que sea una gran persona»

Me sigue poniendo los pelos de punta. Y es que ese es el poder de esta autora. Decir verdades en pocas palabras, hablar de la naturaleza con admiración y como una representación de la vida más pura, cantar a un amor que solo se permitió imaginar. Leer a Dickinson es una caricia al pensamiento, y hacerlo de la mano de esta pequeña joya que NØrdica ediciones ha creado es más que recomendable.

Termino de la mano de otro poeta, Luis Cernuda, cuyo poema Donde Habite el olvido, hizo canción Enrique Morente, porque, tal vez, donde habite el olvido el viento comenzó a mecer la hierba.

«Donde habite el olvido

en los vastos jardines sin aurora;

donde yo solo sea memoria de una piedra sepultada entre ortigas

sobre la cual el viento escapa a sus insomnios».

Puedes leer más de mis reseñas en la sección de este blog: reseñas de Pilar Fernández Senac

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