Macroencuesta a los autores de Cartagena Negra 2020

9 septiembre, 2020 Víctor M. Mirete Ramallo

La literatura en tiempos del Coronavirus

Al igual que está sucediendo con el cine, el teatro, la música, la pintura y toda aquella expresión artística y cultural que requiera de trabajo de campo, de economía sostenible o de público presencial, la literatura se está viendo afectada por este lapsus temporal (el cual tiene pinta de ir para largo plazo) que nos ha tocado vivir. Las opiniones, ideas, nuevas fórmulas y procedimientos se suceden en la mente y esfuerzo de todos aquellos que participan del sector literario: editoriales, distribuidores, comercios del libro, autores y lectores. Todos ellos ocupados y preocupados en dar cabida al libro y sus formatos en un mundo sacudido por una pandemia.

Cartagena Negra es un ejemplo de tesón y por qué no decirlo de terquedad, de la buena, claro. Desde la organización de las jornadas de literatura negra de la ciudad portuaria se mostraron siempre positivos y voluntariosos para no dejar que el 2020 se quedase sin este festival de literatura negra en donde lectores y autores son uno solo. Es más, quizá sea el año más propicio y necesario para su celebración. Los autores y lectores que siempre ha tenido fieles y dispuestos así lo reclamaba y esperaba. Y por ahora, si las autoridades no dicen lo contrario, hacemos caso a las restricciones y recomendaciones un tiempo más, podremos disfrutar de la VI edición de Cartagena Negra.

Como diría aquel superhéroe: ‘Un gran poder conlleva una gran responsabilidad’.

Tanto es así que la organización está tratando por todos los medios de crear un marco saludable que cumpla con todas las medidas de prevención necesarias perjudicando lo menos posible a la esencia del evento, que no es otra que la palabra, los amigos y la cultura.

Ahora bien, aprovechando la coyuntura, desde El quinto libro queremos hacer una encuesta o entrevista general a todos los autores que participarán en esta edición. Una sola pregunta para todos ellos/as. Queremos saber de buena mano sus opiniones y sus consejos en estos tiempos en los que la siempre difícil empresa de la literatura también tiene que combatir con el Coronavirus.

¿En qué modificará, beneficiará o perjudicará esta pandemia que hemos sufrido a la literatura a corto, medio y largo plazo?

 Paco Gómez Escribano: A corto plazo, los efectos han sido inmediatos: cancelación de festivales, cancelación de Ferias del Libro, aplazamiento de publicación de novelas nuevas, suspensión de presentaciones en librerías por limitación de aforo, limitación o prohibición del préstamo domiciliario en bibliotecas…, vamos, un desastre para un sector, el editorial, que ya estaba en crisis antes de la crisis, después y mucho más ahora por los efectos de la pandemia. Una sola de las consecuencias citadas habría sido mala. Todas juntas han constituido un año nefasto que la esperada segunda oleada va a acabar con las pocas expectativas puestas sobre el otoño. La suspensión de la Feria del Libro de Madrid ha sido la gota que colma el vaso.

No sabemos qué va a ocurrir a medio y a largo plazo. El sector editorial, como tantos otros, ha pasado a depender de factores externos como la comercialización de una vacuna, el comportamiento más o menos cívico de los ciudadanos, etc. Parece ser que las editoriales van a publicar menos y se van a central en libros más comerciales y seguros, lo cual es una mala noticia para la Literatura en general y para la Novela Negra en particular. Algunas han echado el freno, pasando directamente a no publicar, y otras cerrarán definitivamente. Aumenta también la tendencia al cierre de librerías.

Las perspectivas no son buenas. Esto es como una novela negra de perdedores en donde el final feliz no aparece por ninguna parte.

 Jon Aramendía Huarte: Desde el punto de vista de la creación, en mi opinión la parte fundamental, no creo que afecte. Quizás esta quietud y encerramiento obligados favorezcan la generación de tiempo de escritura. No creo que sea posible impedir ni reducir nuestra necesidad de escribir.

Sin embargo todo el tema de presentaciones y promociones para las que ya era complicado encontrar espacios antes de la pandemia, sobre todo para los que somos desconocidos, probablemente sea más difícil. Habrá una acumulación de obras por presentar y se encontrarán nuevos cauces, como siempre sucede cuando acontecen cambios globales. Espero que, durante un tiempo, si regresa algo parecido a la normalidad anterior, exista un interés intensificado por el contacto directo con los autores y por saber que han estado imaginando durante una época tan convulsa.
Respecto a la industria, las ventas y todo lo que afecta a la parte económica de creadores profesionales y distribuidores, supongo que habrá quien gane y quien pierda, pero desconozco realmente las consecuencias.

Por último, y de esto estoy casi seguro, se verá afectada la temática. Se exprimirá hasta la extenuación el tema de virus, conspiraciones y todo lo que suene a lo que hemos padecido, más por el comercio que por la literatura.


 Rafa Melero: Es difícil dar una respuesta a estas preguntas. No soy capaz de predecir hacia dónde vamos, pero a primeras diré que beneficio poco y mal repartido. Tengo muchos compañeros que han visto morir sus novelas nada más salir al mercado al no tener oportunidad de promoción por culpa del confinamiento y las restricciones. Ni siquiera (y me incluyo) se han podido hacer presentaciones por lo que nos hemos visto obligados a recurrir a las redes sociales y a buscar alternativas varias. Los que tenemos algo de visibilidad hemos sobrevivido pero está siendo muy duro para muchos.Las editoriales grandes han aprovechado para potenciar sus novedades, mientras que los que publicamos en independientes hemos tenido más problemas para la promoción de nuestras novelas. Y no digo que a los grandes grupos editoriales no les haya afectado.

No hace mucho estando en una librería una chica tenía en una mano uno de esos bestsellers mundiales y en la otra el nuevo de Mikel Santiago. No dudé en decirle que se decidiera por Mikel, pero muchos lectores suelen hacer eso, irse a los que se pueden pagar una buena promoción que nada tiene que ver con la calidad de las obras. Que nadie me mal interprete, seguro que los dos libros son excelentes, pero muchos lectores van a lo que ellos creen como seguro, y sin promoción, el resto lo tenemos más difícil para competir con los grandes. Solo nos queda el boca a boca, que en mi caso funciona bastante bien, gracias también a blogueras/os y reseñas que van llegando. Y por cierto, sí me hizo caso y se llevó el de Mikel.

La cancelación de muchos festivales de novela negra ha sido un jarro de agua fría para los que necesitamos esa ventana al mundo. Y ya no digo la cancelación del día de  Sant Jordi en Cataluña o más recientemente La Feria del Libro de Madrid. Quizá lo positivo de la pandemia y el confinamiento es que se hayan ganado lectores pero estando en un país en el que la piratería está bien vista, tampoco le veo demasiado recorrido a este punto. Y tampoco estamos en un país que apueste por la cultura, así que…En fin.

Para mí escribir es un hobby muy enriquecedor porque tengo un trabajo que además me gusta, pero sobrevivir como escritor debe ser una odisea que la pandemia ha socavado aún más. Como veis no tengo una visión demasiado optimista. Lo único que creo que está en nuestras manos es escribir y sacar novelas con la máxima calidad posible y que a quienes les lleguen, sean pocos o muchos, les hagan pasar un buen rato. Al final, es de lo que se trata.


 Alfonso Egea: A corto plazo las ventas y el consumo general de literatura de todo ámbito se ha disparado por los confinamientos y ausencia de actos sociales.

A medio plazo nos vamos a encontrar con un resurgimiento de géneros (apocalíptico post pandemia) y quién sabe si con un género nuevo fruto directo del maldito Covid

A largo plazo la permanencia del gusto por la lectura. La gente necesitará libros para la próxima pandemia!!

 Eduardo Oller: Diría que, por suerte o por desgracia, la pandemia no es más que otro paso en el proceso de aislamiento en el que nos estamos sumergiendo. El espíritu necesita de relaciones físicas, no sólo virtuales, y aunque la lectura pueda aparecer como una de las grandes beneficiadas por toda esta situación, a la larga acabará siendo individualista y con una visión parcial del mundo. Me temo que, cuando salgamos de esta, nos instalaremos en el teletrabajo y en la tele relación con nuestro entorno específico. Además, aun siendo la lectura un proceso íntimo y personal, tiene un componente participativo que no es en absoluto despreciable. Pienso que llegará un día en que dejará de leerse «El Quijote», y será así porque nadie será capaz de entender de qué diablos está hablando.


 Domingo Villar: Creo que el confinamiento ha permitido que muchos lectores que estaban siendo infieles a los libros con series de televisión o redes sociales hayan redescubierto el placer de la lectura.

Lo que no encuentro en la pandemia es inspiración para la creación literaria. Al contrario, en estos tiempos de claustrofobia, la literatura es la ventana que ventila mi realidad. No veo sentido, como autor ni como lector, a buscar en los libros el mismo ambiente oprimente del que pretendo evadirme.

 

 

 

 


 Susana Martín Gijón: Ojalá contara con dotes adivinatorias para saberlo, pero dado que los mayores expertos están errando incluso en las cuestiones más básicas, no soy ingenua con respecto a los aciertos en mis predicciones. Aun así, voy a tratar de aventurar algo en positivo.

Habrá más lectores. Al vernos limitados en nuestras relaciones sociales y ante la incertidumbre de nuestra propia vida, nos refugiaremos más en las historias que nos regalan los libros.

Los lectores serán, asimismo, más conscientes del esfuerzo de las y los escritores, y en general, de los artistas. Visto cómo nos hemos volcado en ofrecer de forma altruista nuestras creaciones y nuestro dedicación durante el confinamiento, aquellos que hasta ahora lo han hecho, dejarán de consumir ilegal y pagarán por las creaciones de las que disfruten.Al refugiarse en la cultura, conquistaremos una sociedad más sabia e instruida, que no se deje llevar por bulos y amarillismo, y que por tanto exija más a quienes nos gobiernan pero también a sí mismos en un ejercicio de ciudadanía responsable, lo que repercutirá en una mejora de la sociedad, y por tanto, en la felicidad común. Paralelamente, claro está, el personal científico y sanitario tendrá éxito y se acabará con la pandemia.
¿Demasiado optimista? Bueno, para distopías ya tenemos la que nos ha venido puesta con este 2020, y para pesimistas, ni hablemos. Que no sea por no soñar.

 Pedro Aranda: La ecuación es sencilla. Lo complicado es resolverla. Impacto es igual a duración de la pandemia, multiplicado por intensidad de las acciones que tome el gobierno para controlarla, y dividido por la suma del músculo que tenga cada uno de los cuatro elementos que constituyen el engranaje literario (lector + autor + editorial + promoción).

Por músculo me refiero a capacidad de resistencia, que es directamente proporcional al colchón financiero y a la capacidad de adaptación que se posea. Este último punto es especialmente importante. Por adaptación no quiero decir que, por ejemplo, el autor de novela negra o el de bonitos poemas de amor cambien de género y empiecen a escribir libros de zombies transformados tras una mutación interna en el organismo tras inyectarle la vacuna anticovid. Me refiero a encontrar fórmulas que planteen batalla al contexto actual de recesión económica, reducción de ingresos, cierre temporal de librerías, cancelaciones de presentaciones literarias, certámenes o ferias del libro que vivimos.
Quizás la solución pase por asumir que el número de ejemplares vendidos va a disminuir y, con ello, el margen de beneficio. Y, aceptando esta premisa, plantear entonces seguir una estrategia distinta a la hasta ahora conocida, como puede ser, poner precios de venta más baratos, facilitar envíos gratis de libros a domicilios particulares o utilizar medios virtuales para dar a conocer las obras (bien vía presentaciones y certámenes on-line, o colaboraciones con blogs y secciones culturales para aparecer en un determinado espacio a través de entrevistas o reseñas).  Sin esa capacidad de adaptación, mucho me temo que palabras tan demonizadas en determinados sectores del mundo literario, como son autoedición y libro digital empiecen a escucharse con más fuerza en un futuro no tan lejano.
Supongo que lo que quiero decir es que si no se toman medidas y simplemente dejamos que la inercia de los últimos años sea la que mueva la cadena de los cuatro piñones que hablaba antes, más de uno se va a llevar un buen golpe, pues todo el mundo sabe lo que pasa si vas montado en una bicicleta sin darle a los pedales cuando la inercia se acaba.
Dicho esto, y respondiendo a su pregunta, como todas las variables de la ecuación que he puesto al principio son todavía una incógnita, yo me siento incapaz de resolverla y, por tanto, de contestarle.

 Claudio Cerdán: La literatura ha sobrevivido a guerras, hambrunas y epidemias con anterioridad, así que nos recuperaremos. La sociedad evolucionará en alguna dirección, aún no sé cuál, y cuando lo haga los escritores lo reflejaremos en nuestros libros. Donde sí habrá cambios será en el modelo editorial, a las empresas esto les está afectando sobremanera y acabará trasladándose a los autores y lectores.

 

 

 

 


 Marto Pariente: Muchos quizás, una creencia y un deseo. Quizás caigan las ventas en papel y suban en formato electrónico, o quizá no. Corren tiempos revueltos, tiempos de cambio. Editoriales sin muchos recursos desaparecerán y las que sobrevivan saldrán aún más fuertes. Nada nuevo bajo el sol, ocurre en casi todos los negocios en épocas de crisis.

Y puestos a elucubrar, creo que la mayoría de autores, al menos durante un tiempo, huiremos de la pandemia en nuestros manuscritos. Ubicaremos la trama antes o después. Es una herida abierta y habrá que esperar a que cicatrice.
Entre tanto, intentemos entre todos, yo al menos así lo deseo, que eso que llaman distancia social, entre el autor y el lector quede a la vuelta de una página.

 Daniel Fiopiani: El concepto de beneficio nunca debería de ir ligado a una pandemia que se ha cobrado tantas muertes a nivel mundial. Por supuesto que la industria editorial se ha visto y seguirá viéndose afectada por este virus que azota el mundo, igual que tantos otros sectores de la sociedad. Durante este último estado de alarma las librerías cerraron al público y los únicos portales de venta que funcionaron fueron los digitales. Muchas editoriales descubrieron que los libros que seguían vendiéndose durante el confinamiento fueron aquellos cuyos autores seguían activos a través de las redes sociales, y mucho me temo que, con el paso de los años, casi todo terminará enfocado en esa dirección.
Vivimos en una actualidad donde las posibilidades de ocio son casi interminables y donde la juventud invierte la mayoría de su tiempo libre en las series de moda de las plataformas streaming, los videojuegos de última generación o las aplicaciones del teléfono móvil. La literatura se enfrenta a unos rivales que están dispuestos a monopolizar el mercado del ocio. Sin ir más lejos, Amazon hace tiempo que ya creó su propia plataforma de series y películas y ahora se estrena con la producción de grandes videojuegos súper masivos online.
Es imposible vaticinar todo lo que nos puede venir encima en las próximas décadas, pero todo apunta a que este nuevo virus ha llegado para quedarse entre nosotros. Es bastante probable que durante este invierno  experimentemos nuevas restricciones sociales y pasaremos gran parte de nuestro tiempo libre en casa. Quizá sea una buena oportunidad para que los adultos que no sean habituales a la lectura se animen a darle una oportunidad a alguna que otra novela, así sus hijos podrán ver a los padres leer en el salón de su casa.
No creo que haya otra manera de luchar contra el acaparamiento de las demás plataformas que haciendo ver a las nuevas generaciones que leer no tiene por qué ser aburrido. Creo que este virus ha acelerado lo que ya sabíamos que iba a ocurrir dentro de veinte o treinta años: todo terminará centrándose en la industria digital. Y ojo, quede claro que estoy totalmente a favor del progreso tecnológico, pero creo que la literatura guarda unos valores culturales, intelectuales y de desarrollo personal que no deben perderse por el camino. Está en nuestras manos y en la de las generaciones venideras preservar la presencia del libro entre los jóvenes. Que el virus desaparezca lo antes posible, por favor. Pero si tiene que venir de manera inevitable, que nos pille encerrados en casa con un buen libro entre las manos y el calor de la familia.

 Inés Plana: La reciente cancelación de la Feria del Libro de Madrid, que se iba a celebrar en octubre, es un mal presagio para el mundo de los libros. La pandemia ha cerrado librerías que jamás volverán a abrir, las bibliotecas no sabemos o no acabo de saber en qué situación están. Hay quienes leían mucho y ahora lo hacen menos, porque la situación les afecta, les descentra. Cómo no. Hay otros, por el contrario, que nunca habían leído y la pandemia les ha he enganchado a la lectura. Con todo esto quiero decir que va a haber demasiados cambios en los hábitos para adivinar cuál va ser el futuro del mercado editorial. Quiero pensar que cuando llegue la vacuna y puedan desaparecer la mascarilla y la distancia social, todo volverá más o menos a donde estaba y los libros llegarán a nuestras vidas con más fuerza que nunca, porque las personas querrán evadirse también más que nunca con las historias que escribimos los autores. Es un deseo. Me cuesta adivinar el futuro ahora mismo, porque todo es muy cambiante de un día para otro y mucha también la incertidumbre.

 

 


 Lucía Santamaría: La literatura —bajo mi punto de vista— en esta pandemia ha sido una de las más afortunadas. Desde el primer momento ha aumentado el índice de lectura y lo mejor el número de lectores.

Según he podido observar ha habido dos tipos de respuestas en los escritores: los que han escrito —y han producido masivamente— y los que ni siquiera lo han intentado. Los que se encuentran entre los segundos —me incluyo— han vivido como fuera de ellos mismos, en un confinamiento —por supuesto físico— psicológico.

Los primeros ya tienen sus frutos y seguirán creando, porque no han tenido bloqueo intelectual y los segundos —mi caso— necesitan asimilar. Será la distancia la que les permita asentar situaciones vividas para poder crear con perspectiva y objetividad.

La sociedad se ha modificado y esto se tiene que reflejar. El escritor escribe desde la realidad en la que vive, y esta ha cambiado —externa e internamente—. Obligatoriamente se tiene que reflejar. Nadie ha pasado este momento histórico de rositas y se irán descubriendo los efectos que dejará en toda la sociedad, en el mundo entero, pero sobre todo a nivel individual. Y, desde esas vivencias obligatoriamente —así lo creo— va a salir mucha literatura.

Esta pandemia también ocupará un lugar importante en la literatura histórica y espero por nuestro bien que sea a corto o medio plazo.


 

CARTAGENA NEGRA 2020 empieza mañana…

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Víctor M. Mirete Ramallo

Escritor murciano nacido en 1982, Autor de la “Saga de Ficción Histórica de Frédéric Poison” y cuyo lema es: «La vida no consiste en vivir de ilusiones, sino en vivir ilusionado.

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