Crítica de la novela Quédate conmigo

30 marzo, 2019
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30 marzo, 2019 Pilar Fernández Senac

Quédate conmigo de Ayòbámi Adébáyò

Título: Quédate conmigo

Autor: Ayòbámi Adébáyò

Editorial: Gatopardo Ediciones

Año: 2018

Páginas: 330

Género: narrativa contemporánea

Calificación: 

Sobre la autora Ayòbámi Adébáyò

Ayòbámi Adébáyò (Lagos, Nigeria, 1988). Las historias de Ayòbámi han aparecido en diversas revistas y antologías literarias, y han sido muy elogiadas por el jurado del Commonwealth Short Story Prize en 2009.

Tras cursar un máster en Literatura Inglesa en la Universidad Obafemi Awolowo, realizó otro máster de Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia, donde recibió una beca internacional de Escritura Creativa.

También ha obtenido otras becas de investigación y ha sido residente en Ledig House, el Sinthian Cultural Centre, Hedgebrook, la Ox-Bow School of Art, Ebedi Hill y el Siena Art Institute. Quédate Conmigo es su primera novela.

Sinopsis de Quédate conmigo

Yejide espera un milagro, un hijo. Es lo único que quiere su marido, lo único que quiere su suegra, y ella lo ha probado todo: duros peregrinajes, consultas médicas, plegarias a Dios. Pero cuando sus familiares se empeñan en buscar una nueva esposa, cruzan el límite de lo que Yejide es capaz de soportar. Y se verá abocada a los celos, la traición y la desesperación.

Con el telón de fondo de las revueltas sociales y políticas de los años ochenta en Nigeria, Quédate conmigo se desarrolla y resuena con las voces, los colores, las alegrías y los miedos de su entorno. Ayòbámi Adébáyò escribe una historia demoledora sobre la fragilidad del amor conyugal, la destrucción de la familia, la desdicha del dolor y los vínculos que devoran la maternidad. Es una novela sobre nuestros intentos desesperados de salvar del desengaño a nosotros mismos y a quienes amamos.

Quédate conmigo

Esta es la primera novela de esta autora nigeriana. La primera, con la que medimos, muchas veces de forma equivocada, lo que dará de sí un autor. Si me tomo la osadía de calibrar a esta autora por su única obra, me da miedo lo que puede hacer con las palabras. Y con los sentimientos que despiertan las letras en sus manos.

Adébáyò nos narra la historia de Yejide y Akin. Lo hace alternando las voces de los dos protagonistas y dos líneas temporales. Una actual, narrada en el 2008 y otra, más larga, a partir de mediados de los ochenta. De la narración más alejada en el tiempo conocemos a esta pareja, como nace, el inicio de su matrimonio y todo lo que ocurre para llevarlos a la situación que viven en el nuevo siglo.

La situación política y social de la Nigeria de esos años ochenta es el decorado sobre el que se dibuja pero, no es más que un esbozo suficiente para saber contextualizar la narración. Los protagonistas pertenecen al pueblo Yoruba, con una larga tradición religiosa y moral.

Aspecto que reconocemos, por ejemplo, en la forma en la que se tratan a los personajes de más edad de la novela, que cuentan con un tratamiento honorífico en muestra de respeto, y en los cuentos que la autora va intercalando como una parte de la historia y que nos permite conocer parte de la cultura del pueblo nigeriano, de sus creencias y saberes.

Todo esto es la parte más palpable de la obra, los cimientos en los que crece una historia abrumadora en la que vemos crecer el amor, y también vemos como lo que se espera de nosotros marca lo que haremos con nuestra vida. Yejide y Akin se han casado por amor, pero no pueden tener hijos. Y a partir de ahí, todo empieza a tambalearse. Yejide es la que sufre el peso de no tener descendencia, porque la culpa es suya si Akin no puede tener hijos. Es ella la que tiene que soportar a la familia de su marido valorando y opinando sobre esa situación.

“Las mujeres fabrican hijos y, si no puedes, eres un hombre. Nadie debería llamarte mujer”.

Puedes leer más rese ñas de Pilar en este enlace: Pilar Fernández Senac

En una sociedad donde el fin del matrimonio es tener descendencia, a ser posible, masculina, no lograr concebir es lo peor que te puede pasar. Y lo peor que le puede ocurrir a Yejide es que una segunda esposa entre en la vida de Akin.

Una mujer que pueda cumplir con lo que se esperaba de ella. A partir de ese momento se despiertan mil cosas en la protagonista. La autora nos hace vivir momentos inquietantes, con su capacidad de enlazar letras, compartimos la angustia de Yejide, los celos, la rabia por tener que acatar algo que no quiere, el deseo de ser madre a toda costa. Yejide ha ido a la Universidad y trabaja fuera de casa y, sin embargo, somos partícipes de como deja que las supersticiones marquen ese momento de su vida. Lo que sea por conseguir ser madre, lo que sea por mantener a su lado a Akin.

“Las razones por las que hacemos las cosas no siempre serán las que los demás recuerden. A veces pienso que tenemos hijos porque queremos que cuando ya no estemos, alguien le explique al mundo quienes éramos”.

La poligamia es un tema importante a lo largo de las trescientas y pico páginas. Un hombre puede tener tantas mujeres como pueda mantener. Existe una jerarquía clara entre ellas y sus hijos, hay una forma consensuada y conocida de hacer las cosas y es difícil levantarte en contra de lo que ha sido siempre.

Akin anda entre lo que tiene que hacer, lo que quiere hacer y lo que oculta. No es una forma sencilla de vivir. Como no lo es para Yéjide, huérfana, sentir que la familia de Akin es lo único que tiene hasta que pueda formar la suya propia, hasta que un hijo, que no llega, sea algo que de verdad le pertenezca y viceversa, porque un hijo siempre será tu hijo.

“Últimamente me repito a mí misma que aquella fue la razón por la que me esforcé por aceptar cada nuevo grado de humillación, para tener a alguien que me buscara si algún día desaparecía”.

Cuando cerré el libro sentí infinidad de cosas, algunas difíciles de explicar. Y me puse a pensar en los temas que se trataban en las páginas que todavía estaban en mis manos.

La maternidad es el eje principal de la obra, es lo que hace que todo lo demás ocurra. Pero para mí, es una historia sobre el miedo. El miedo a la soledad, a no ser lo que se espera de ti, a la perdida, al dolor, a enfrentar lo que no nos gusta, a que nos dejen de querer, a decir adiós. Es el miedo el que hace que los protagonistas tomen unas decisiones y no otras, se escondan, vivan con la culpa, mientan, agachen la cabeza y se equivoquen.

Ayòbámi resuelve, quizá con un exceso de sencillez, uno de los problemas principales de la trama y, aunque bien es cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver, puede parecer un tanto inverosímil que una mujer abierta y formada, no tenga como poco alguna duda.

Ayòbámi Adébáyò no nos suelta de sus garras sin esperanza. Hay esperanza, siempre hay esperanza. Y esta historia no iba a prescindir de ella, porque es la vida.

Para despedir la historia de Yejide y Akin, me he apropiado de unos versos de Pedro Guerra, de su canción Miedo. No dejéis que el miedo sea timón de vuestra historia.

“El miedo es una sombra que el temor no esquiva, el miedo es una trampa que atrapó el amor, el miedo es una palanca que apagó la vida, el miedo es una grieta que agrandó el dolor”.

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