Asesinos sin rostro: crítica y reseña

11 noviembre, 2018
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11 noviembre, 2018 Cristóbal Terrer Mota

Reseña de la novela Asesinos sin rostro de Mankell

Título: Asesinos sin rostro

Autor: Henning Mankell

Editorial: Tusquets

Año: 1991

Páginas: 302 páginas de pura novela negra

Género: novela negra

Calificación: 

Sinopsis Asesinos sin rostro

Kurt Wallander atraviesa uno de los momentos más sombríos de su vida personal (sus relaciones familiares son un desastre, está ganando peso, bebe mucho y duerme poco) cuando debe ponerse al frente de la investigación del asesinato de un apacible matrimonio de ancianos en una granja de Lenarp. El marido ha sido horriblemente torturado y la mujer muere estrangulada poco a poco, con el tiempo justo de pronunciar antes de morir la palabra «extranjero». Kurt Wallander y sus colegas deberán enfrentarse no sólo a un asesino muy especial, que tiene la sangre fría de alimentar a los caballos del establo después del crimen, sino a una comunidad irascible, presa de insospechados prejuicios raciales. Wallander sabe de sobra que la pacífica apariencia de algunas personas oculta a veces un auténtico monstruo, de modo que no se hace ilusiones acerca de la sociedad en la que vive…

Las novelas que llegaron del frío

En algún momento, las novelas de género negro dejaron de ser consideradas un simple folletín con el que pasar el rato, para convertirse en un género de altura, posiblemente el mejor vehículo con el que el autor puede diseccionar, con la exactitud de un cirujano, la coyuntura social del tiempo que le ha tocado vivir. Y si a alguien hay que echarle la culpa de esto es a Mankell, que encabezó un movimiento literario surgido en las frías tierras de los países escandinavos y que en países como España revitalizaron un género que parecía perdido. Después llegaron muchos más, como el malogrado Stieg Larsson (con su saga Millenium), Camilla Lackberg, Jo Nesbo y muchos más.

La gente hablaba en el trabajo y con su grupo de amistades sobre tal o cual novela, con una viralidad que recuerda a las mejores series de televisión del momento. La novela negra había vuelto, y lo había hecho para quedarse. Además lo hacía reconvertida en un género nuevo, más profundo, más complejo, con personajes que se parecían a nosotros, con sus defectos y sus virtudes, pero sobre todo con un trasfondo personal que enmarcaban a la perfección sus circunstancias personales. En la novela negra de Mankell importa tanto la trama policíaca como la historia personal que arrastra a los protagonistas hasta situaciones límite. Todo ello, con el exhaustivo análisis de la sociedad contemporánea, de los movimientos políticos, tendencias sociales o problemas económicos.

Porque si Mankell revolucionó la novela negra fue con la reinvención del clásico detective que tantas veces habíamos visto. Un paso más allá del arquetípico detective encerrado en clichés trasnochados. En “Asesinos sin rostro” asistimos al nacimiento de un personaje maravilloso, que nos acompañará durante nueve novelas más que conforman una saga básica para cualquier amante del género.

La soledad en la idílica sociedad sueca

Y es que como reza la sinopsis, este misterioso caso le llega a Wallander en uno de sus peores momentos personales. Arrancado de cuajo del amor de su esposa y con una hija que prefiere poner tierra de por medio, antes que hablar con él. Además con un padre que comienza a sufrir los devastadores síntomas de una enfermedad tan horrible como el Alzheimer, quedando de manifiesto la gran soledad a la que se enfrentan las personas de esa sociedad idílica que nos han intentado vender desde los páises nórdicos. Una sociedad avanzada, preocupada por la cultura, educada y de ciudadanos independientes, pero que deja como daños colaterales individuos solitarios, frutrados y aislados de los demás por su especial idiosincrasia y la crudeza de sus inviernos.

Esta novela es una de esos libros que debes leer con manta y al consuelo de una pequeña luz, porque de sus páginas emanan copos de nieve que invadirán tu habitación. El lector experimentará un frío desolador, debido a las descripciones de las pequeñas poblaciones que aparecen en la novela, y sobre todo al carácter de sus personajes protagonistas. O quizás es que a cada línea que leo, me viene un sinestésico recuerdo del año que viví en Dinamarca.

Nótese la soledad de Wallander en su piso a media luz y decorado con botellas de wiski, pero también en la ya mencionada soledad del padre que vive aislado en una casa de campo sin nadie que lo asista medicamente ante los más que evidentes síntomas de la enfermedad. Del mismo modo vive, y morirá solo, el fiel compañero de Wallander que se enfrenta a solas al horror que azota este siglo, el cáncer. O la nueva fiscal que salvo algunos escarceos con Wallander vive su vida alejada de su marido y de sus hijos por cuestiones de trabajo.

Ni que decir de los pobres ancianos que son víctimas de un brutal crimen en los primeros compases de la novela, y que ¡oh casualidad! viven en una pequeña villa aislados de todo y de todos.

Ante tanta soledad sepultada bajo toneladas de nieve, los personajes lucharán por abrise paso y encontrar el calor humano, como el que deja un surco en la tierra. Intentarán asirse a cualquier persona que les ofrezca un mínimo contacto físico, una mínima luz entre la oscuridad del los meses de invierno, que con su noche cerrada, estremecen a cualquiera.

Una novela imprescindible

El carácter de Wallander no se entiende sin leer esta novela, queda forjado a fuego, y sus circustancias serán las encargadas de definir a uno de los mejores personajes de novela negra de las últimas décadas.

Es ese antihéroe al que ahora estamos tan acostumbrados y que nos recuerda a otros personajes que ahora colman las salas de cine o las parrillas televisivas. Wallander es esa Sara Linden o ese Holder que vimos en la serie The Killing (en una ciudad de Seattle desconocida y deprimente) o en la Dinamarca de la versión original (Forbrydelsen). Tan buenos detectives como malos padres de familia, maridos o hijos.

Decía Benjamin Black, que recientemente recuperó al mítico personaje de Philip Marlowe en la imprescindible novela “La rubia de los ojos negros”, que algún día le gustaría escribir una novela negra, en la que no hubiera ningún asesinato… Quizás la novela negra ya ha alcanzado la madurez necesaria para llegar a tal extremo, o tal vez no…

Como telón de fondo, en esta novela Mankell reflexiona sobre los extremismos, sobre la política del miedo y sus xenófobas consecuencias, lo que resulta especialmente interesante en un país, en una sociedad poco acostrumbrada a convivir con gente de fuera. La crisis económica, la falta de trabajo y oportunidades nos lleva en demasiadas ocasiones a no responsabilizarnos a nosotros mismos como sociedad y en buscar enemigos ajenos.

Por si fuera poco, un crimen tan violento como inverosimil, hará que el lector quede atrapado entre las páginas de este clásico de la novela negra, con giros inesperados que quizá se atropellan demasiado hacia el final de la novela, pero es que recuerda, lo importante no era el crimen.

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Cristóbal Terrer Mota

Autor de la novela Cameron (Malbec Ediciones). Responsable del blog sobre series extranjeras Seriemaniac.com. Apasionado del cine, las series y la fotografía. La playa, viajar y la lectura son sus grandes pasiones.

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