Reseña de Panza de burro de Andrea Abreu

28 febrero, 2022 Cristóbal Terrer Mota

Mes de la mujer: Andrea Abreu

Mes de las escritoras

Durante este mes de marzo rendimos un homenaje a las escritoras. Desde el respeto y atendiendo a la calidad de sus obras. Nada más. Una excusa para reseñar novelas interesantes y que, ya de paso, han sido escritas por mujeres.

Puedes leer todas las reseñas en nuestra nueva sección: Mes de la mujer en El quinto libro.

Sinopsis de Panza de burro

Sabina Urraca (editora): «Reconozco que al principio, cuando Panza de burro solo había crecido unos capitulitos, pensé que sería una novela sencilla y hermosa que abriría un hachazo en esa tela de invernadero que parecía ocultar un imaginario y un mundo que debían ser mostrados. Más adelante, la grandeza del libro, la inteligencia y el salvajismo de Andrea, su pulso poético y su falta total de miedo hicieron trizas la rafia, y quedó a la vista una plantación intrincada, dolorosa, inmensa, nada sencilla. Hice la primera edición en un salón de Lisboa, y creo que fue allí cuando me di cuenta de que el libro era mucho más grande de lo que imaginé. También, y esto es importante, sentí envidia. Una envidia por la imposibilidad de escribir yo algo así».

Calificación: 

Cuando un fisquito es mucho

En un mercado en el que las novelas casi se venden al peso y los grandes grupos editoriales nos obligan a que todos tengamos en nuestras estanterías las mismas novelas, Panza de burro es una bocanada de aire fresco, como traída por los vientos alisios que a su paso nos dejan un pequeño regalo.

Resulta admirable como una editorial independiente apuesta por esta joven prometedora, Andrea Abreu, con un resultado cargado de optimismo: alrededor de 20.000 ejemplares vendidos.

Todo ello, sin los subterfugios empresariales de las cadenas de librerías, sin inundar las góndolas de los comercios, esas góndolas que estratégicamente se ubican en las zonas calientes: junto a la caja registradora o a las puertas. Panza de burro consigue llegar al público gracias a la prosa vanguardista de Abreu y a una acción comercial más antigua que el hilo negro: el boca oreja.

Panza de burro se desmarca de todo y de todos. Una novela cortita, que se lee en dos ratos, huyendo de esas sagas que se extienden a través de un entramado configurado por volúmenes de 700 páginas. Obviamente, el ritmo alegre, audaz y casi oral, no encaja con los estándares del sector.

La capacidad de asombro

Si algo valoro en los autores que leo es la capacidad de asombro. Asombro ante el mundo que les rodea. El mimetismo absoluto con aquello que tienen cerca: no hace falta que todas las novelas estén ambientadas en grandes urbes como Madrid o Barcelona. También valoro, la capacidad de asombro que provocan en mí. La mirada personal de un escritor es lo que marca la diferencia.

Respecto a Andrea, solo puedo admirarla con envidia, de la sana, se entiende. Insultantemente joven para esos jóvenes que ya vamos cumpliendo años. Panza de burro es su primera novela, la cual cumple con creces las premisas que yo presupongo a tal arriesgada empresa: ser personal, audaz, arriesgada e incluso, iconoclasta.

Porque si algo destaca de la obra es lenguaje empleado. Una vuelta de tuerca a nuestra lengua, a la escrita, en la que sobran los signos de puntuación y las reglas ortográficas, todo al servicio de la musicalidad propia del acento canario y de dotar de profundidad a sus dos niñas protagonistas, las cuales todavía no han terminado de pulir su lenguaje ni su personalidad.

Les falta por ver algo de mundo a estas dos muchachitas. Ambas sueñan constantemente con disfrutar de un día de playa, lo cual es dramáticamente paradójico al vivir en una isla (¿posiblemente Tenerife?. Para ellas, su vida se encierra entre las lindes de matorrales, perros pulgosos y gatos malolientes. El mar y la arena no son más que un recuerdo prestado y lejano. Un ser mitológico cuyas fauces marcan el fin de todo su mundo. Si te acercas a él, quizás te acabe devorando.

Andrea Abreu nos habla directamente al corazón. Para ello no necesita frases grandilocuentes o una prosa compleja. Si las niñas se pasan el día bajándose las bragas para explorarse su pepe o entrenando pokemons en los gimnasios de los juegos de la geimboy, pues se dice y se cuenta. Tal cual.

Con este tratamiento del lenguaje viajamos a nuestra infancia, parece que correteamos entre Isora y la protagonista, resultando en una experiencia inmersiva absoluta. Cuando las abuelas las fostian vivas por alguna travesura, sentimos los palos en nuestro cuerpo. Si juegan a los tazos de las patatas, rememoramos aquellas batallas en las que nos enfrentábamos a nuestros amigos de la infancia. Shit! Qué delicia!

Un viaje de no retorno

Las protagonistas se encuentran inmersas en esa complicada edad que es el paso a la adolescencia: la del vello asomando por cualquier rincón de nuestro cuerpo, la de una sexualidad incipiente, tan extraña como curiosa, la de las confusiones y la inocencia de no querer reconocer que estamos madurando.

Su mundo se va ampliando conforme se adentran en algún rincón inexplorado hasta entonces, en alguna charca o riachuelo que se desvía de la senda prestablecida. Les queda mucho por aprender.

Isora, siempre presente en la mente de la protagonista. Ese oscuro objeto de deseo. Una relación tóxica de la que es difícil desprenderse. Te va atrapando a fisquitos, a base de besos furtivos y desmanes constantes.

Los padres son un elemento fundamental. Cualquier freudiano te tumbará en su diván para hacerte comprender que todos tus problemas, apegos y traumas vienen, precisamente, de la relación con nuestros padres. Somos lo que somos debido a ellos. En la novela Panza de burro, los padres me recuerdan a esas figuras paternas que intuíamos en series como Los teleñecosSnoopy: una suerte de seres mágicos a los que solo conocemos por su oratoria ininteligible (blablablabla) o la longitud infinita de sus piernas.

Para Isora y la protagonista, la existencia de los padres se cimenta en su propia inexistencia. Una presencia latente. Ambas son criadas por las agüelas (como diríamos en la huerta murciana), las vecinas, o cualquiera que pase por allí dispuesto a reprenderlas.

Una historia sencilla, que impacta por la forma —aunque la historia y la trama tienen muchísima profundidad también—; estirando al máximo los límites del género. Una vuelta de tuerca millenial y 2.0 a obras como El camino de Miguel Delibes. Porque hay que tener mucho talento y conocer muy bien las reglas gramaticales para romperlas de esa manera tan brillante.

Acha, Andrea, mamolao! Lo dicho: imprescindible. Lecturas que te cambian la vida y te hacen plantearte tu propia forma de escribir, ni mucho ni poco: un fisquito (un poquico).

Puedes leer otras de mis reseñas en: Sección Cristóbal Terrer.

Ficha técnica Los extraños

Título: Panza de burro

Autor: Andre Abreu

Editorial: Barrett

Año: 2020

Páginas: 176 páginas tó guapas

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Cristóbal Terrer Mota

Autor de la novela "Cameron" (Malbec Ediciones) y del ensayo seriéfilo "De Los Soprano a Juego de tronos". Responsable del blog sobre series Seriemaniac.com. Diseñador web, locutor de radio y creador de contenido. Apasionado de la fotografía, la playa y la lectura.

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