Reseña de «Una cuestión de alcohol»

28 octubre, 2021
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28 octubre, 2021 Rosa Huertas

Reseña de Una cuestión de alcohol

Título: Una cuestión de alcohol

Autor: Juan Bas

Editorial: Alrevés

Año: 2021

Páginas: 204

Calificación: 

Sobre el autor

El bilbaíno Juan Bas (1959) ha sido guionista de radionovelas de humor, cómic (El Víbora, Cimoc…) y de numerosas series de televisión (Farmacia de guardia, Turno de oficio…) Ha publicado, entre otros libros, los volúmenes de relatos Páginas ocultas de la historia (1999), escrito con Fernando Marías, y La taberna de los 3 monos y otros cuentos alrededor del póquer (2000). Las novelas El oro de los carlistas (2001), Alacranes en su tinta (2002), La cuenta atrás (2004), Voracidad (2006. Premio Euskadi de Literatura 2007), Ostras para Dimitri (2012), Pájaros quemados (2015) y El refugio de los canallas (2017. Premio Dashiell Hammett 2018 de la Semana Negra de Gijón). Columnista de opinión en el diario El Correo, ideó y dirige desde 2010 Ja! Bilbao Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor.

Sinopsis de la obra

Un sesentón devastado por el alcohol narra su día a día por las calles del Casco Viejo de Bilbao, sus encuentros con tipos marginales, sus miedos, sus resacas, su pasado a la deriva y sus obsesiones. El narrador se dirige a una mujer que conoció años atrás y de la que se enamoró sin remedio la noche aciaga en la que la ría se desbordó. Los recuerdos se confunden con los delirios y presentan la cara más real, dura y sin filtros de las consecuencias del consumo desmedido de alcohol.

Reseña

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Bajada a los infiernos

Las novelas de Juan Bas nunca nos dejan indiferentes. Con su particular estilo, en el que abundan las hipérboles, las perífrasis, el humor negro y hasta lo escatológico, zarandea al lector que nunca sale indemne de las páginas de sus libros. Su anterior título, El refugio de los canallas, es una excelente novela que trata el conflicto vasco sin concesiones y con valentía; de las obras imprescindibles para conocer las miserias que generó tal situación, contada por alguien que vivió en esas calles en aquellos años de plomo.

El comienzo de Una cuestión de alcohol nos da una idea clara de a qué historia nos enfrentamos:

“Me llamo Julio Ejido y soy un alcohólico. Bebo y fumo desde que tenía doce años, ahora acabo de cumplir sesenta. Esta confesión no posee valor alguno ya que no se la hago a nadie, carece de destinatarios. Y aunque los tuviera, no por ello adquiriría la menor importancia, puesto que no contemplo el valor de la confesión como alivio, ni siquiera como ritual; tampoco valoro el perdón que se pide o se otorga, lo desprecio de igual modo. Solo creo en la culpa, en su persistencia, en la inutilidad del arrepentimiento, en lo fútil que es el transcurso de la vida, en la pérdida de toda ilusión, en la conmovedora belleza de algunas mujeres maduras, en cierta armonía de las contradicciones, en la decepción propia y ajena, en lo que te salva de la locura o te lleva a ella, en la inevitable seducción del caos y en la sed, en esta constante y maldita sed. […]”

El narrador es un hombre que lleva toda la vida bebiendo, vive de las rentas y no hace más que emborracharse y deambular por el Casco Viejo de Bilbao, entrando en las tabernas y ejerciendo de “chiquitero”, palabra acuñada en la Ría que designa a un tipo de hombre que se encuentra también en el resto de España. En su deriva, convive con personajes tan marginales como él: borrachos, músicos callejeros, indigentes. Discute y se pelea con aquellos que le molestan: los que hacen ruido, los que tocan a horas intempestivas, los que se cruzan en su camino. Los trata a todos con odio, con el mismo desprecio que siente por sí mismo, como si viera reflejada su propia miseria en el espejo que los demás le ofrecen.

Así muestra como el alcohol lo destruye todo: el protagonista no tiene amigos, ni familiares que se preocupen por él, no hay ilusiones ni proyecto vital ni siquiera dignidad.

El alcohol arrolla como una apisonadora y es el auténtico protagonista de la novela. La obra nos enfrenta a lo desagradable, a lo que está ahí aunque miremos para otro lado. El autor mira de frente a la decadencia y al miedo, a la autodestrucción y a las miserias humanas. Es una novela amarga pero lúcida que muestra cómo, para un alcohólico, el miedo, la culpa y la frustración solo se calman bebiendo, lo que añade aún más angustia y delirio. Es una bajada a los infiernos sin posibilidad de retorno.

Los fantasmas acosan al protagonista, sobre todo cuando la embriaguez lo devora.

El fantasma más recurrente, el que lo acompaña y lo tortura a la vez, es el de Bárbara, la mujer que conoció, cuando era muy joven, la misma noche que se desbordó la Ría. Evoca los sucesos de ese día: cómo apareció y despareció aquella mujer misteriosa que continúa viviendo en sus sueños y sus pesadillas. La mirada al pasado, los recuerdos, le provocan dolor por lo que no fue y ya nunca será.

Los lugares donde transcurre la novela son reconocibles: rincones y bares del Casco Viejo que tienen nombre; así como ciertos personajes secundarios, habituales en las Siete Calles. Las referencias musicales, literarias y cinematográficas son constantes y en ellas reconocemos los gustos del propio autor (gran lector y cinéfilo); no faltan las alusiones a otros libros que tienen el alcohol como protagonista.

La novela está muy bien escrita, Bas domina el lenguaje, narra con maestría y con una intensidad apabullante.

Los capítulos breves contribuyen a una lectura ligera, a pesar de la profundidad de lo narrado. En ocasiones, nos arranca una sonrisa, casi una mueca, con ese humor negro que domina a la perfección.

Una cuestión de alcohol es una reflexión dura sobre las consecuencias del alcoholismo, sin concesiones; pero también lo es sobre el paso del tiempo, la fragilidad de la memoria, las decisiones equivocadas, la soledad y lo que ya nunca será; asuntos que a todos nos atañen, aunque no probemos el alcohol. Leer también es asomarse a simas profundas sin temor a caer en ellas y las páginas de Una cuestión de alcohol nos muestran esos precipicios, esas preguntas sin respuesta de las que no siempre se puede escapar. Asomarnos a un abismo, aunque no sea el propio, siempre produce vértigo, y esta novela nos sitúa al borde del despeñadero.

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