Reseña de Los Papalagi

11 octubre, 2021
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11 octubre, 2021 Víctor M. Mirete Ramallo

Reseña de los Los Papalagi: los hombres blancos

Datos publicación

Título: Los Papalagi (los hombres blancos)

Autor: Tuiavii de Tiavea (Relatos reunidos por Erich Scheurmaun)

Año: Primera publicación 1920

Editorial: RBA Libros, Integral

Género: Relatos

Calificación:

Los Papalagi: el primer documento antiglobalizacion de la historia de la humanidad. 

Tuiavii de Tiavea viajó a Europa a principios del siglo XX y allí descubrió un mundo incomprensible, que no tenia nada que ver con la vida sencilla y despreocupada de los isleños de Samoa. Los samoanos no conocían ¿ni tampoco necesitaban- el dinero («el metal redondo»), ni los grandes edificios («canastas de piedra»), los cines («locales de pseudovida»), ni periódicos («los muchos papeles»).

Tuiavii nunca entendió por qué «los Papalagi» (que significa «los hombres blancos») siempre tienen prisa; o por qué nunca disfrutan de lo que hacen y se pasan el día pensando en lo que harán después; o por qué, con todas las cosas que tienen, todavía quieren tener más.

Años después de su visita a Europa, Tuiavii, jefe de Tiavea, escribió estos discursos para convencer a su pueblo de que no se dejara llevar por las falsas comodidades del mundo occidental.

Un amigo alemán, Erich Scheurmann, recopiló los textos y los publicó en Occidente. Desde entonces han sido traducidos a muchos idiomas.

Tuiavii transmite a través de estos discursos su sencilla sabiduría, con unas descripciones que tienen la ventaja de contemplar desde fuera nuestra civilización.

Quizá fuera esta la primera vez que se hablaba de «antiglobalización». Además, la cultura occidental se convierte aquí en objeto de estudio por parte de un pueblo que no ha perdido el contacto con la naturaleza. Se trata pues de un documento inestimable, además de una obra enormemente divertida.

Los Papalagi: Discursos de Tuiavii de Tiavea

En el fondo todos somos seres humanos y tenemos las mismas necesidades, hacemos lo mismo, solo que de otro modo distinto. Esta es una de las cientos de reflexiones que extraje (sin darme demasiada cuenta) hace más de 25 años, cuando leí por primera vez Los Papalagi.

Fue con 14 o 15 años cuando me hicieron leer esta obra. En esa época en donde crees tener todas las respuestas. Hoy, contando en mi haber con 40 inmaduros años, y sabiendo que no tengo respuesta alguna, vuelvo a retozar en esas divagaciones, con más claridad, convicción y significado. Veo lo que entrañan en mí y aplico su enmienda, o al menos lo intento, desde la ingenuidad que sigue siendo vivir. A menudo, las segundas lecturas de determinados libros te hacen conocer mejor ese libro, pero también a tí mismo y el mundo que te rodea.

La globalización entraña un dilema cultural de aristas afiladas. Por un lado podemos compartir, por otro podemos deshojar. Y es que cuando todo está interconectado, se tiene mucho más de lo que se necesita. Sin embargo, uno no puede criticar o defender un modo de vida sin conocer, sin interés o curiosidad por lo contrario. Es ahí, en esa opuesta dualidad del saber donde radica el respeto a lo ajeno, a lo propio y a la autocrítica.

Como todo visionario o filósofo, o artista o transgresor, Tuiavii de Tiavea se elevó sobre sus propios sentidos más primigenios y tangibles para hacer partícipes a los suyos de sus preocupaciones e interrogantes, no sin antes adentrarse en ese mundo europeo que rechazaba, para interpretarlo desde la perspectiva de un nativo samoano.

‘Él también vio a Europa como a un demonio oscuro, el gran deshojador’.

Vivimos en un mundo complejo que juzga continuamente la simpleza, siendo ésta la mayor de las sabidurías que se le ha concedido al hombre; pues nos muestra aquello que la ciencia no consigue comprender o explicar. Y yo, personalmente, no me lo tomo con ningún matiz religioso o divino más allá del que la propia naturaleza nos ofrece.

Los Papalagi (hombres blancos) son el nombre que el escritor le da a unos discursos (11 en total) que no querían trascender más allá del pequeño mundo al que Tuiavii quería dirigirlos -su pueblo- y que, sin embargo, en su subyacente realidad parecía estar destinados al resto de la humanidad. Algo que por suerte a tenido lugar gracias a labor del escritor y amigo de Tuiavii, Erich Scheurmaun.

‘Habrá quien juzge su visión infantil, pero aquellos que tenéis más mundo y sois más humildes, seréis movidos a la reflexión y autocrítica de lo que se os va a decir’. (extracto del prólogo)

Quizá, parte de los motivos del jefe del Pacífico Sur no fuese dar respuestas, sino evitarnos preguntas que no conducen a nada. Quizá.

Esta obra es toda una declaración cultural, es un descubrimiento, como cuando colón llegó a América, como cuando el hombre Armstrong llegó a la luna, como cuando casa uno de nosotros nos convertimos en padres. Es la forma en que otra persona se sonroja al conocer cómo otros dan importancia a lo que unos restan. Quizá porque lo que nos separa no son las necesidades, sino las prioridades.

El dinero, el teléfono, la ropa, el arte o las viviendas. Todo un mundo occidental inhóspito para Tuiavii, que va descubriendo y plasmando en sus discursos, desprendiendo inocentemente una buena dosis de humor implícito en su crítica sobre el materialismo y la deshumanización, y decorado en esta edición con los dibujos de Joost Swarte.

‘[… Los blancos dejan descubierta la cabeza y algunas veces las manos… ] [… Cuando un joven occidental toma a una mujer para que sea su esposa, no sabe si le va a agradar, porque antes de esa ocasión nunca ha visto su cuerpo…]’.

Los Papalagi está escrita de un modo en que las obviedades dejan al descubierto cierta farsa del ser humano, cierta ineficacia de nuestra existencia, cierta ambigüedad en nuestros actos más básicos. Comer, vestirse, construir, dormir, trabajar, hablar, amar, follar, enfermar, morir…

Ninguna civilización es ajena a esos verbos, y en cambio, ninguna de ellas los realiza del mismo modo. Lo que Tuiavii hace, es defender su mundo sin atacar el contrario, mostrando la diferencia cultural existente entre ambos, y obligándonos a reflexionar sobre nuestras propias costumbres y significados.

Este libro es como si abriésemos una ventana al mundo y todo lo difícil se hiciese sencillo. Cerrarlo quizá sea, para muchos, volver al incesante y decadente devenir de los días, pero mientras lo lees, descubres el poder que tiene la vida si entendemos su verdadera naturaleza.

‘Cuando estoy aquí de pie, mirando el árbol del mango detrás de la Misión, veo entonces el árbol y no el espíritu. Pero al ver que es más grande que la Misión, mi espíritu está trabajando entonces. Por eso ver no es suficiente, también hay que conocer’.

Un gran texto es aquel capaz de llegar con meridiana compresión y significado a todo aquel que lo lea; independientemente de su raza, condición, inteligencia o edad. Este es un ejemplo excelso de esa cualidad. Los Papalagi debe estar en nuestra estantería y en nuestro orden del día cada vez que nos levantamos.

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Corolario.

Hoy, que cada vez nos damos más cuenta de que tenemos volcanes sacudiendo montañas, mares haciendo desaparecer costas, huracanes levantando ciudades o suelos temblando bajo nuestros pies, quizá comprendamos la magnitud del planeta en el que vivimos, y por ende, la nimiedad que somos, lo cerca que estamos de no existir mientras intentamos ser dioses.

 

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Víctor M. Mirete Ramallo

Escritor murciano nacido en 1982, Autor de la “Saga de Ficción Histórica de Frédéric Poison” y cuyo lema es: «La vida no consiste en vivir de ilusiones, sino en vivir ilusionado.

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