Reseña de Celia en el colegio

29 julio, 2021
29 julio, 2021 Rosa Huertas

Título: Celia en el colegio

Autor: Elena Fortún

Editorial: Alianza

Año del original: 1932

Páginas: 244

Género: Literatura infantil

Calificación: 

Sobre la autora

Elena Fortún era el pseudónimo literario de la escritora María Encarnación Aragoneses. Nació en Madrid en 1886 y falleció en la misma ciudad en 1952. Escribió la célebre saga de aventuras Celia, muy leída en España desde los años 30 del pasado siglo. En los años 90 el personaje de Celia recobró fama gracias a la serie de televisión española basada en los libros. Era culta, estudió Filosofía y Letras, y le preocupaba la educación de las mujeres. Se casó con Eusebio de Gorbea, militar republicano y escritor, con quien tuvo dos hijos pero el más pequeño falleció en 1920. Tras la Guerra Civil se exiliaron a Buenos Aires. Terminó su vida en soledad, viviendo en Barcelona, en un país que no tenía nada que ver con el de su juventud. Tras su muerte se publicaron obras suyas que habían quedado inéditas, como Celia en la Revolución, un retrato descarnado de la Guerra Civil vivida por la protagonista, y Oculto sendero, una novela de tintes autobiográficos muy reveladora.

Foto de Elena Fortún

Foto de Elena Fortún

Sinopsis de la obra

Celia en el colegio es el segundo libro de toda una serie formada por 21 títulos. A través de cuarenta y tres relatos narrados desde la voz de la niña protagonista, aporta un tono de desenfado que cayó como lluvia en el desierto para los niños y niñas, aburridos ya de tantos cuentos con moraleja. Celia cuenta su vida durante un curso escolar en el internado de monjas en el que sus padres han decidido que viva porque no pueden controlar sus travesuras en casa. Cada una de las travesuras se originan a veces desde su fantasía y otras desde su rebeldía.

Desde la mirada de la niñez (Celia tiene 8 años) se desenmascaran las incongruencias de los adultos, las falsedades y normas absurdas que imponían en la vida cotidiana en nombre de la religión, del tradicional modelo de la mujer, del trato diferenciado originado por la clase social o de la falta de consideración por ser niño o niña. Y todo ello empaquetado en un irresistible humor provocado por la frescura de los diálogos, las diabluras de la niña, las cuadros cómicos y la lógica infantil que interpreta frases al pie de la letra provocando sentidos erróneos muy divertidos.

Reseña de Celia en el colegio

(Puedes leer más reseñas de Rosa en El quinto libro aquí: Reseñas de Rosa Huertas)

Varias generaciones de mujeres españolas fuimos ávidas lectoras de la serie protagonizada por Celia, una niña rara y rebelde, de cabello rubio y rizado, que siempre miraba el mundo con ojos nuevos. Celia es el personaje más importante de la Literatura Infantil y Juvenil española. Muchas nos divertimos y nos identificamos con aquella niña traviesa, imaginativa y curiosa que cuestionaba el mundo de los mayores. Celia, el personaje, nace en junio de 1928 y empieza diciendo: “Así, pensando y pensando, he entendido que, siendo los mayores tan grandes y tan ásperos, tan diferentes en todo a los niños, no pueden comprender nada de lo que los niños piensan o hacen”.
Cuando comienza la serie, Celia tiene siete años y el alma llena de una curiosidad y una fantasía desbordantes. Es la hija rebelde de una familia acomodada y posee una riquísima vida interior: nos va contado sus pensamientos, sus opiniones, su perplejidad ante el mundo muchas veces absurdo y contradictorio de los mayores. Si le han dicho que debe compartir sus juguetes con los niños pobres, no comprende por qué se enfadan por darle a la hija del portero los regalos de los Reyes Magos o por qué no la dejan jugar con los chavales del pueblo que son más divertidos que la niñas del colegio, tan obedientes y disciplinadas. Ni por qué tiene que permanecer sola en el internado de monjas durante el verano, mientras sus padres viajan por Europa.
Su lógica infantil ofrece una crítica del mundo adulto que, a través de su mirada, resulta ridículo. Los mayores no entienden las cosas más sencillas ni el verdadero valor de la realidad. Ella observa el mundo con una lógica no contaminada por las convicciones más tradicionales que impedían el progreso. Celia es, por tanto, una niña moderna, adelantada a su tiempo, que pregunta lo que no entiende aunque resulte impertinente y que dice, por ejemplo, delante de las monjas y del cura, que Jonás no pudo ser tragado por una ballena y que, por lo tanto, lo que cuenta la Biblia es mentira.
Celia en el colegio es mi novela favorita de la serie. Quizá sea el libro más importante de mi vida: fue el primero que leí y, además, me convirtió en lectora. En esta entrega, Celia hace las travesuras más divertidas: pinta bigotes negros con ceniza a sus compañeras mientras duermen, mete una camada entera de gatos en clase y un sapo en el dormitorio, intenta escaparse en el carro del huevero y acaba espachurrándole contra el suelo todas las docenas que lleva, inunda de cucarachas la habitación de la odiosa Doña Merlucines, salva a una cigüeña, Culiculá, que se convierte en su mascota y no deja de imaginar más allá de lo que la realidad le muestra.

Pero Celia no quiere ser mala, no tiene conciencia de serlo. Ella quiere ser buena, ser santa, aunque se da cuenta de que es una empresa inútil. Para alcanzar la santidad empieza culpándose de todo lo que ocurre en el colegio y fuera de él, porque percibe que así es más popular y consigue con facilidad el perdón. Hasta que se acusa de un robo y un crimen cometidos en el pueblo y el cura le prohíbe ser santa.
En el libro se hace una crítica velada de la educación que se daba a las niñas, tan pegada a los preceptos religiosos, que inculcaba el miedo al infierno y el deseo de ir al cielo a toda costa, y donde la costura era más importante que las Ciencias o la Literatura. Es una educación ridícula y anticuada, lejos de la nueva pedagogía que empezaba a surgir en los años veinte del siglo pasado, cuando Celia comienza sus correrías. Más de una vez, Celia se queda castigada con los brazos en cruz por no saber bordar, se le da muy mal, y las monjas le dicen de manera despectiva que “es un chicazo”.
A Celia la salvan los libros y la imaginación. Su padre le regala un cuaderno y ella empieza a escribir. Quiere contar lo que le ocurre para que no se le olvide, para poder recordar a través de la lectura:

“Las cosas que me pasan, al final se olvidan. Pero lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre”

La frase se quedó grabada en algún lugar de mi memoria y se convirtió en el motor de mi deseo de escribir: los momentos felices se escapaban como arena entre los dedos y la única manera de revivirlos era convirtiéndolos en palabras. Celia siempre lleva consigo un cuaderno y yo la he imitado.
De niña deseaba ser como Celia, marcharme a correr aventuras con los titiriteros y convertirme en caracol, aunque todo aquello no fuese más que una ficción. Sus libros son novelas de aprendizaje donde se explora un yo en vías de crecimiento, y la niña se va convirtiendo en una mujer. Los principales acontecimientos históricos que viven Celia y su autora durante la primera mitad del siglo XX en España, marcarán la vida de ambas. Merece la pena regresar a Elena Fortún, a Celia, y a los momentos mágicos de la infancia donde todo es posible.

 

 

 

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