Reseña de Ánima

15 marzo, 2021
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15 marzo, 2021 Graziella Moreno

Ánima, de Wadji Mouawad

Título: Ánima

Autor: Wadji Mouawad

Traducción: Pablo Martín Sánchez

Editorial: Destino

Año: 2014

Páginas: 448

Calificación: 

Sinopsis de Ánima

Wahhch Debch descubre el cuerpo de su mujer, brutalmente violada y asesinada, en el salón de su casa. Empujado por el dolor, se lanza a la caza del asesino: necesita ver su rostro, pero no por venganza, sino por supervivencia. Durante su odisea a través de América, solo y sin esperanza, brutales recuerdos escondidos en los pliegues de su infancia despiertan poco a poco. Para evocar la parte monstruosa del ser humano, Wajdi Mouawad hace callar al hombre y da voz a los animales: son ellos quienes nos narran la escalofriante búsqueda de la verdadera bestia. Ánima nos lleva por un camino desconocido a un territorio entre el thriller, el western y la tragedia griega, un lugar inhóspito y de una violencia feroz que sin embargo no queremos abandonar y que somos incapaces de olvidar cuando hemos acabado el libro: ese espacio nuevo, amenazante y a la vez redentor de la gran literatura.

Sobre el autor

Wadji Mouawad nació en el Líbano en 1968. De muy pequeño emigró con su familia a Francia huyendo de la guerra civil, y posteriormente se trasladaron a Montreal. Allí estudió en la Escuela Nacional de Teatro y, tras dirigir varios centros, en 2005 creó dos compañías, Au Carré de l´hypotènuse, en Francia y Abé carré ce carré, en Quebec. Su obra más importante es la tetralogía La sangre de las promesas, compuesta por Bosques, Litoral, Incendios y Cielos. La adaptación cinematográfica de Incendios fue nominada al Oscar a la mejor película extranjera, y el propio autor ha llevado al cine Litoral.

Ha recibido destacados galardones, como el Premio Terenci Moix 2012, el Governor Genéralos Literary Award for Drama o el Prix de la Francophonie. En 2002 fue nombrado en Francia Caballero de la Orden Nacional de las Artes y las Letras. Ánima ha sido galardonada con el Prix Méditerranée, el Grand Prix Thyde Monnier y el Prix du Deuxième Roman.

Sobre el traductor

Pablo Martín Sánchez (Reus, 1977) es graduado superior en Arte Dramático, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, máster en Humanidades, y doctor en Lengua y Literatura Francesas y en Teoría de la Literatura y del Arte y Literatura Comparada. Es autor de Fricciones, El anarquista que se llamaba como yo, Tuyo es el mañana y Diario de un viejo cabezota, así como de Agatha, en colaboración con Sara Mesa. Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés, neerlandés o checo. Como traductor, ha vertido al castellano obras de Marcel Schwob, Wajdi Mouawad, Franck Thilliez, Marta Carnicero o Édouard Louis. Actualmente es profesor de novela en la Escuela de Escritura del Ateneu barcelonés y de traducción en el grado de Traducción e Interpretación de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Cooptado en 2014, es hasta la fecha el único miembro español del Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle).

Reseña de Ánima

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Ánima. El alma, el principio de la vida. En la doctrina católica, el alma que aguarda su purificación en el purgatorio antes de ir hacia la gloria.

Ánima, de Wajdi Mouawad, es un ejercicio literario, complejo y valiente, que empuja al lector al vacío. Una novela difícil, que no deja nada a la imaginación porque es explícita hasta el último de sus detalles. El salvaje asesinato de una mujer no es más que el punto de partida del viaje de su marido, embarcado en una búsqueda aparentemente sin sentido, en el deseo de venganza, de saber, de entender el porqué, de mirar a la cara al monstruo. Un viaje a través de las fronteras imaginarias que trazan los mapas, que separan las lenguas, que dividen las razas, en nombre de la religión, de banderas, de absurdos y anacrónicos orgullos patrios. Una novela que solo puede escribir alguien que ha sufrido el exilio: “el exilio me rompió en dos y a la vez me salvó la vida”, ha expresado el autor, amante de la tragedia griega, que descubrió cuando llegó a Canadá. Sófocles escribió que nadie está a salvo de cometer lo inimaginable, y en Ánima hay víctimas y verdugos, y aquéllos que ostentan la doble condición. Porque el viaje del protagonista le llevará a recordar, a conocer sus orígenes y a entender quién es; porque cuando lo ha perdido todo, el humano vuelve a su condición de bestia, algo que nunca le ha abandonado, y las bestias lo reconocen: “Sólo las bestias que están solas saben de verdad lo que necesitan para vivir”.

Mouawad refiere que, cuando era niño, su hermano mayor le convenció de que los animales eran capaces de hablar como en las fábulas. Así que son los animales que observan los pasos del protagonista los que cuentan esta historia épica, llena de simbolismos, de paisajes hermosos y terribles. Nos veremos a través de sus ojos y tal vez no nos guste el resultado:

“El ser humano es un túnel estrecho, hay que internarse en él si quieres conocerlo. Hay que avanzar en la oscuridad, aspirar el olor de todos los anima-les muertos, escuchar los gritos, los dientes que rechinan y los llantos. Hay que andar, hundir las patas en un charco de sangre y trepar por un hilo de oro abandonado por el propio ser humano, cuando no era más que infancia y ningún tejado cubría su techo. Animal entre animales, aún no sufría. El humano es un túnel y todo humano llora su cielo desaparecido”.

A medida que la lectura avanza encontraremos que las diferencias entre los humanos y los animales se desdibujan, se confunden. Enfrentado a su pasado, a sus orígenes, el protagonista se despojará de la racionalidad que le hace distinto a ellos y actuará por instinto.

Ánima es dura, diferente, monumental, algunos la tildarán de tragedia, pero no deja de ser realista y sincera. Porque frente al espejo, no podemos negar lo que somos, de dónde venimos, los instintos adormecidos por la civilización, prestos a despertar y a revelar nuestra verdadera naturaleza. Hinmaton Yalaktit (Jefe Joseph) (1840-1904), líder de los Nez Perce, una tribu nativa americana de la región interior del Pacífico Noroeste de los EEUU, conocido por su talante negociador en la defensa de su pueblo, supo trasladar ese sentimiento en palabras:

“Para nosotros, las grandes llanuras abiertas, las hermosas colinas onduladas y los ríos serpenteantes y de curso enmarañado no eran salvajes. Solo para el hombre blanco era salvaje la naturaleza, y solo para él estaba la tierra infectada de animales salvajes y gentes bárbaras. Para nosotros era dócil. La tierra era generosa y estábamos rodeados de las bendiciones del gran misterio. Para nosotros no fue salvaje hasta que llegó el hombre velludo del este y, con brutal frenesí, amontonó injusticias sobre nosotros y las familias que amábamos. Cuando los mismos animales del bosque empezaron a huir de su proximidad, entonces empezó para nosotros el salvaje oeste”.

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