Reseña de La Cripta de los Capuchinos

12 agosto, 2020
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12 agosto, 2020 Graziella Moreno

Reseña de la novela La Cripta de los Capuchinos, de Joseph Roth

Título: La Cripta de los Capuchinos

Autor: Joseph Roth

Editorial: Acantilado

Traducción: Jesús Pardo

Año: 2012

Páginas: 188

Calificación:

Sobre el autor

Joseph Roth (Brody, 1894-París, 1939). La amarga experiencia del derrumbamiento del mundo de los Habsburgo y sus consecuencias psicológicas, así como la obligada marcha de los judíos de Europa central hacia Occidente, fueron desde el inicio los temas centrales en su obra. En 1933, emigró a Francia, donde murió. Desde entonces es considerado, con creciente unanimidad, como uno de los mayores talentos de nuestro tiempo.

Sinopsis de la obra

El protagonista de La Cripta de los Capuchinos, heredero de una familia de origen humilde ennoblecida por Francisco José, describe su vida en la Viena deslumbrante de los albores de la Primera Guerra Mundial. A los últimos estertores del imperio de los Habsburgo siguen los días trágicos de la guerra y de una posguerra gris y violenta. Antes de que los nazis entren en Viena, el joven Trotta, símbolo de un mundo en declive, baja a la cripta a la que alude el título de la novela, el panteón imperial austríaco, donde confesará su fracaso.

Joseph Roth en la Plaza del Odeón de París

Reseña de La Cripta de los Capuchinos

La Cripta de los Capuchinos es una novela monumental a pesar de su corta extensión. Una profunda reflexión acerca de la condición humana y de sus contradicciones: “Los hombres no saben estar solos, por eso forman agrupaciones absurdas”. Las regiones, los países, los imperios, esas líneas de poder que separan y enfrentan, esas fronteras que no son reales, ese crisol de pueblos (húngaros, eslovacos, rumanos, croatas, serbios, rutenos, bosnios, suavos, sajones), ese inmenso cementerio que es Europa, arrasada tras una Primera Guerra Mundial y en el preludio de la segunda.

La esencia de todo ello se recoge en esta historia narrada en primera persona, la historia del marqués Francisco Fernando Trotta, que asiste al fin de una época, de una forma de vida regida por diversiones sin fin (ese ennui de la alta sociedad), por costumbres rígidas y enraizadas que gobernaban hasta las relaciones familiares; incluso el amor es un compromiso ineludible que hay que evitar mientras se pueda. La condescendencia hacia los “inferiores”, las ideas abstractas, el buenismo:

“Sabe usted, yo no soy patriota, pero a la gente de mi tierra la quiero mucho. Un país entero, una patria incluso, son cosas abstractas, pero un campesino es algo concreto. Yo no puedo sentir cariño por todos los campos de avena y por todos los trigales, ni por todos los bosques de pinos y todos los pantanos, ni por todas las damas y caballeros polacos; pero sí por un campo determinado, por un bosquecillo, por un pantano, por una persona”.

Roth retrata con maestría en la primera parte de su novela a los jóvenes acomodados, instalados en una realidad artificial que se va a romper cuando sean llamados a filas, sin distinción de edad o de posición social. La Primera Guerra Mundial no solo significó una batalla cruenta y absurda, sino también la pérdida de un mundo. Viena, la capital y sede del gobierno, se alimentaba del resto de pueblos sometidos al imperio, un imperio que los vampirizaba hasta el extremo de la ruina económica, un polvorín que acabó estallando y dejó millones de muertos. La muerte nos iguala a todos sin distinción, una muerte presente en muchas de las páginas de esta obra en la que el autor repite una frase que suena a tañido fúnebre: “La muerte cruzaba ya sus manos huesudas”.

El estilo directo, irónico en ocasiones, permite transmitir al lector lo esencial, sin perderse en ningún momento en descripciones innecesarias. Al autor no le interesa ahondar en la guerra, en las batallas, sino en las consecuencias. En cómo cambia el personaje, en cómo a su vuelta intenta rescatar su vida perdida, y poco a poco va asumiendo que todo ha cambiado. Uno de los mejores personajes de la narración, la madre del protagonista, representa todo esa clase social que se resiste a extinguirse, que busca estrategias para sobrevivir. El protagonista evoluciona desde la inocencia y despreocupación inicial hasta la tristeza y amargura de las últimas páginas:

“Yo, incluso hoy día -ahora, probablemente, cerca ya de sus últimas horas, puede un hombre decir la verdad- pertenezco a un mudo claramente decadente, en el que parece natural que los pueblos existan para ser gobernados, y que, por tanto, si quieren seguir siendo pueblos, no se pueden gobernar a sí mismos”.

Una novela para la reflexión, una lectura totalmente vigente en nuestros días. Seguimos cometiendo los mismos errores, aunque las formas y los acentos sean distintos, pero con los mismos resultados devastadores. La literatura está para recordárnoslo.

Obras de Joseph Roth en Acantilado

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