Reseña de El Coronel no tiene quien le escriba

15 mayo, 2019 Víctor M. Mirete Ramallo

Imanol Arias será el Coronel de Gabriel García Márquez

Aprovechando la actualidad, lanzamos esta reseña extraordinaria. Mañana 15 de mayo, Imanol Arias se subirá al teatro Infanta Isabel para representar ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, de Gabriel García Márquez, a las órdenes de Carlos Saura, quien recupera la obra de un escritor que siempre dijo que esta novela era la única de sus historias que podía llevarse al teatro, y la cual sí tuvo su película a finales del siglo pasado. El autor ha tenido que esperar cincuenta y ocho años para hacerse realidad esa subliminal petición, con la grata noticia de que tras acabar su periplo en la capital española, recorrerá numerosos teatros nacionales e internacionales durante muchos meses.

La memoria literaria

La memoria es siempre selectiva, a la larga acaba quedándose solo con aquello que rehúsa olvidar: un amor, un hijo, una película, un libro… Suelen haber pocas las obras que al ocaso de los días pasen a la indestructible biblioteca del recuerdo de cada lector. Cada uno de nosotros solemos tenemos un par, quizás cinco, y en el mejor de los casos una decena. En mi caso son tres las que espero nunca desaparezcan de mi memoria: Un mundo feliz (Aldous Huxley), Los santos inocentes (Miguel Delibes) y El coronel no tiene que le escriba (Gabriel García Márquez).

Todas ellas inexorablemente marcaron mi adolescencia de una o otra forma y no hay década en la que vuelva a leerlas que no consiga volver a forjarme como lector, como escritor y como persona.

Poco podría decir de cada una de ellas que no sepáis ya. Dudo mucho que haya lectores con más de, pongamos veinticinco años, que no hayan tenido alguna de estas tres, o las tres, novelas entre manos. Aún así, anoche llegué a la conclusión de que mis tres marías literarias debían pasar tarde o temprano por El quinto libro. Esta semana, la elegida es la que para mi es la mejor obra de Gabo. Cien años de soledad es algo sublime e incuestionable, pero la novela corta El coronel no tiene quien le escriba es capital en la literatura y trayectoria del escritor colombiano. No suelo almacenar detalles de este tipo, y menos con tanta claridad de matices. Casi podría narrar mi encuentro con ese libro en otra novela corta, pero supongo que os amargaría la lectura de esta reseña, así que resumiré en un par de líneas, o a lo mejor alguna más.

A mediados de los noventa, teniendo yo entre los trece y quince años, encontré en la estantería de libros de mi padre una hilera de unos tantos ejemplares de tapa dura, todos ellos de similar diseño pero diversos coloridos. Era una colección de libros de García Márquez que un diario local había estado ofreciendo en un suplemento del fin de semana. Al principio no puse demasiada atención en el nombre del autor. Me limité a observarlos desde la distancia que ofrecía la vigilancia de mi padre hasta que me armé de valor para extraer uno de ellos del meticuloso orden que mi madre había establecido con ellos. Me llamó la atención uno de ellos. Uno de color amarillo yema de huevo. Al tomarlo, vi dos gallos de pelea en plena pugna. Lo leí, y descubrí a mi escritor de cabecera, al que posiblemente (y permítanme la osadía) tenga más influencia en mí como escritor. Gabriel García Márquez.

Tenemos por costumbre añadir una breve biografía del autor para que el lector pueda hacerse una idea general del mismo, pero en este caso, la biografía de Gabo ni es breve ni es desconocida, por lo que me ahorraré esa sección, ya que con solo nombrarle, la literatura universal se cuadra. De modo que, vamos directos con la obra.

El coronel no tiene quien le escriba, el libro

Me da vértigo decir una sola palabra en forma de reseña de este libro. El respeto y la devoción es tal, que me da miedo poder herirlo con cada sentencia o cita. Aún así, los libros como mejor homenaje se le rinden, es hablando de ellos, y yo quiero hablar de este.

Tal vez no sea la novela que más evidencie las características más populares del autor. No existe en ella esos habituales saltos en la trama, ni esa fusión entre fantasía y realidad que le otorgaron el apelativo del maestro del realismo mágico. Sin embargo, esta obra cumbre en su vida es quizás en la que más distingo a Márquez. Y es que si miramos la obra de Márquez desde lejos, no veremos una meticulosa simetría en ella. En cada libro buscaba narrar o afrontar nuevos caminos literarios, pero, sin dejar de ser Gabo en todas ellas. Sin dejar de seducir con cada una de sus palabras y con el orden en el que las trenzaba. Pero esta novela tiene algo especial. Él mismo reconoce que es su mejor obra y afirma haber tenido que escribir Cien años de soledad para que esta obra se leyese y cobrase la importancia que merecía.

El coronel no tiene quien le escriba fue escrita por Márquez en París, durante una crisis económica personal tras cerrar el periódico en el que trabajaba como corresponsal de prensa. Fue su segunda novela, publicada no sin dificultad en 1961, tras la vanguardista y faulkneriana obra La hojarasca, y en ella descubrió el camino de la austeridad narrativa para hacer de la literatura algo accesible y a la vez de culto. El coronel es una obra tan llana como profunda. Es tan punzante y subversiva como nostálgica, evocadora, entrañable y melosa. Es de esas obras que irradian costumbrismo, introspección y a la vez una sensación de universalismo por cada poro. La esperanza, el desasosiego, la injusticia y la violencia que tanto denunciaba el colombiano, forman parte del esqueleto que conforma la parte reflexiva y moral de esta historia que no necesita un gran reparto de personajes para ser grandiosa, ni de tener multitud de escenarios para ser colosal. esta pequeña novela cuenta la historia de un coronel que espera, desde hace quince años, la asignación de su pensión por los servicios prestados a la patria. Pero su patria parece muda ante esa petición…

Quien conozca un poco el estilo del escritor y haya bajado a las fauces de su obra, reconocerá el reiterado uso de las metáforas, de los símiles y de esa magia que tenía para enviarnos subliminalmente mensajes, estados de ánimo y sensaciones. Toda esta novela y sus personajes están salpicados de dobles intenciones: El Gallo, la carta, el mes de octubre, el médico, don Sabas, el padre Ángel, el entierro del músico muerto… Todo es de una carga literaria tan abrumadoramente profunda como acogedora. Y es que así debía ser este hombre. Un ser acogedor y profundo en sus palabras. Eso es, por tanto, lo que sientes al leer EL coronel no tiene quien le escriba, un abrazo que abriga, que duele y que te hace divagar mientras el tiempo pasa a tu alrededor dejando huellas de madurez y de humanidad.

Así comienza esta maravillosa obra:

El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una
cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con
un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta desprenderse las
últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.

Yo que vosotros, si aún no la habéis leído, no tardaría en hacerlo. Yo la voy a volver a leer.

El coronel no tiene quien le escriba, la película

Como añadido a esta reseña, y dada la otra pasión que me caracteriza, os dejaré este apunte. En 1999, el mexicano Arturo Ripstein tuvo la osadía de llevar a escena la adaptación cinematográfica de esta magna obra de la literatura sudamericana. Supongo que se limpió el sudor varias veces antes de que el Gabo viese la cinta. Por suerte, tras el veredicto de Márquez, el director respiró profundamente, ya que las palabras del escritor fueron:

‘El coronel no tiene quien le escriba es un gran filme. Ripstein me ha hecho justicia y yo a él al seguir escribiendo 30 años después.’

Obviamente la he visto, la he disfrutado, he visto a Márquez, al Coronel y a Ripstein en ella. He visto a un Fernando Luján y a una Marisa Paredes enormes, e incluso a una jovencita Salma Hayek relumbrando en un largometraje que también quedará en el perpetuo recuerdo de mi memoria.

Ver el trailer aquí. 

 

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Víctor M. Mirete Ramallo

Escritor murciano nacido en 1982, Autor de la “Saga de Ficción Histórica de Frédéric Poison” y cuyo lema es: «La vida no consiste en vivir de ilusiones, sino en vivir ilusionado.

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