Entrevista a Fernando Vaquero

6 junio, 2018 Víctor M. Mirete Ramallo

Entrevista al escritor y actor Fernando Vaquero

«Soy un mierdecilla que vive bajo su criterio e intenta ayudar a quien lo necesite.»

El renacimiento es una época gloriosa en casi todos los campos y disciplinas artísticas. Un renacer o renovación de los cánones establecidos y una proliferación de artistas que no solo dominaban una disciplina sino varias, y que no solo reflejaban lo sensorial sino que iban más allá de lo que los sentidos advierten. Ese poso ha quedado impregnado para la eternidad, y es por ello que cuando encontramos a una persona capaz de navegar como pez en el agua en diferentes artes e incluso permitirse el lujo de vivir de ello, decimos que estamos ante una persona renacentista, aunque haya nacido en Madrid en vez de en Florencia, aunque haya nacido en 1974 en vez de en el siglo XVI, aunque se llame Fernando Vaquero en vez de Donatello, Leonardo, Rafael o Miguel Ángel.

 

Este madrileño de inquietud vocacional, tras probar con la hostelería, el ámbito comercial e incluso la aviación, ha encontrado en el arte su modus vivendi. Ha pasado por el teatro, por la música, por el cine, por la televisión, por la pintura y por la literatura. En todas ellas intentando dejar su impronta, transgredir y mostrar un lenguaje artístico diferente a lo establecido; en definitiva, haciendo perdurar la esencia de lo que significa renacimiento.

Eso sí, a la mayoría os sonará su estético, varonil y marcado rostro, gracias a sus trabajos como actor en series de éxito como Sin tetas no hay paraíso, Bandolera, Amar es para siempre, Servir y proteger, etc. Y pronto, os sonarán también sus letras, porque todo apunta a que ha llegado a la literatura para quedarse.

Por todo ello, hoy, en El quinto libro, queremos ahondar en lo más profundo de su mente, para saber cómo piensa y siente un renacentista del siglo XXI.

  1. Antes de comenzar con preguntas menos profundas, muy buenas y ¡Que te jodan! Perdón, ¡Que me jodan! ¿Qué quieres transmitir con el título de tu nueva obra literaria?

Antes de nada, gracias por una presentación tan preciosa, aunque es obvio que me queda muy grande. En realidad el título fue fruto de la casualidad. El título original era «Redención», pero ya lo tenía Ray Loriga. De modo que acudí a una frase recurrente de «Darío/Mago», su protagonista y ahí hallé la respuesta: Que me jodan. Frase que a su vez va muy ligada a su actitud auto destructiva y cuasi nihilista.

2. Fernando I el insatisfecho, podríamos apodarte tras pasar por diversas ocupaciones hasta que llegas a la cultura ¿Llegas o siempre has estado?

Desde muy pequeño ya pintaba, escribía, trabajaba moldeando diferentes materiales que recogía de contenedores transformándolos en «algo», y cuyo proceso aliviaba mi inquietud interior y me hacía menos vulnerable al sentimiento de soledad que siempre me ha acompañado. De ahí que para mí lo de menos sea el resultado, sino el camino. Por eso me deshago de casi todas mis obras. No las considero dignas.

3. ¿Qué es lo que te hizo dar el salto de lo vocacional a lo profesional en lo relativo al arte, la cultura o la interpretación?

No hubo salto. Fue algo que ocurrió sin darme cuenta. De repente un día, alguien, después de hacer una función, me llegó con un cheque por mi trabajo. Ahí fui consciente de que algo había ocurrido sin yo buscarlo. En un segundo parecía que únicamente cobrabas si eras o bien actor, o bien pintor o bien escritor, compositor. Sin embargo, aunque obviamente trabajo en estas disciplinas como vía para ganarme la vida, la esencia no reside en la supervivencia, sino en mi necesidad de expresar. No cabe duda que he hecho trabajos malísimos en ciertas disciplinas. Estas, si las he hecho por una cuestión económica y me he sentido como un prostituto.

4. Pintas, compones, interpretas, escribes… ¿Tus antepasados eran primos de Da Vinci? ¿Cómo consigues abarcar tantas disciplinas artísticas y de un modo tan profundo?

Jajajajajajaja. No, que yo sepa nadie de mi familia se ha dedicado a ningún arte. Si tuviese algún antepasado a nombrar estaría más cercano a «Jack, el destripador». Por aquello de buscar siempre la esencia de las cosas más allá del dolor y los prejuicios. No soy objetivo respecto a lo de abarcar de una manera tan profunda tantos campos. Simplemente puedo decirte que si no «siento», «padezco», «me sumerjo» con todo mi ser en lo que estoy haciendo y dejo flecos colgando (bien por miedo, bien por «el qué dirán») no me compensa en absoluto hacer nada. Odio lo superficial y efectista.

5. En las redes sociales se te conoce por un género que tú mismo has calificado como ‘taradismo’ o ‘minivómitos’. Cuéntanos que hay detrás de esos términos.

Taradismos y minivomitos son dos términos  que surgen de la propia vergüenza a calificar como poesía a algo que yo no consideraba como tal. Son textos que me salen espontáneamente y que escribo sin filtros ni correcciones, ni siquiera los reviso antes de publicarlos. De ahí su absoluta pureza más allá de que carezcan de valor. Su valor reside en «vomitar» más allá de la reflexión. Mostrando así la pureza de tu subconsciente en ese preciso instante. Te hablo de textos que no tardo en escribir más de lo que dura un «insulto con contenido o sin él» hacia alguien o uno mismo. También por ésta misma capacidad de disociar la causa más allá del efecto y en cierto modo de mostrar ese instante de «locura» transitoria, o amor romántico enajenado lo denominé «taradismos». En realidad huía de que me tachasen de ambicioso y quería como terapia mostrar al mundo una parte de mí. ¡La cultura de hoy! No sé qué es eso. Hoy todo es un mercado. La cultura es un término que tiene reminiscencias del pasado, no de hoy en día. Desde luego, yo no soy cultura. Soy un mierdecilla que vive bajo su criterio e intenta ayudar a quien lo necesite.

6. ¿Hay que ser un ‘tarado’ y hacer ‘taradismos’ para llamar la atención con la cultura hoy día?

¡La cultura de hoy! No sé qué es eso. Hoy todo es un mercado. La cultura es un término que tiene reminiscencias del pasado, no de hoy en día. Desde luego, yo no soy cultura. Soy un mierdecilla que vive bajo su criterio e intenta ayudar a quien lo necesite.

7. En algún sitio he leído que eres una ‘cabeza centrifugadora’. Me interesa esto, porque no tengo ni idea de usar una lavadora ¿Es diferente el programa de lavado que usas para cada una de las disciplinas artísticas que abarcas?

¡Jajajajajaja! Lo de cabeza centrifugadora lo utilizo mucho para intentar hacer comprender a las personas como me siento. Mi cabeza no para de idear constantemente, melodías, textos, guiones. Oigo un coche que no arranca y eso se transforma en la base para una melodía musical o en el comienzo de una historia, por ejemplo. Por desgracia es muy difícil para mí dejar de hacer teorías, reflexiones, cuestionamientos sobre cosas, unas trascendentes y otras totalmente estúpidas. Incluso durmiendo. De ahí probablemente mi tendencia al insomnio. Pero en definitiva, el programa que uso es La INTUICIÓN y el no juzgar mientras ejecuto. Algo me guía. Luego ya, si eso, lo tiro a la basura como hago con casi todo lo que hago.

8. Vale, vamos a volver a ponernos serios. Hace unos meses, un amigo, Sergio Llanes me contó de tu posible incursión en la literatura con Malbec ediciones. Nos comentó que eras un fuera de serie y que te había presentado a Javier Salinas ¿Cómo fue ese encuentro entre Malbec y tú, y hacia dónde va encaminado el proyecto ‘Que me jodan’?

Tengo mucho que agradecer a Sergio, al igual que a Sol Alcaine ya que entre los dos me pusieron en contacto directo con Javier Salinas (Malbec Ediciones). Estaba en un momento en el que ya el libro me «sobraba». Tenía dos opciones, o publicar o tirarlo como el resto de libros que he escrito a la basura. Tuve suerte y a Sergio le gustó el libro lo suficiente como para casi hacérselo «tragar» a Javier (Javier es un monstruo de la lectura). Por suerte de nuevo, Javier según me contó quedó fascinado con el texto, cosa que a mí se me escapaba de las manos ya que nunca había dejado leer ningún texto mío a nadie. Luego fue todo tan rápido que aún estoy asimilando que el libro esté ya publicado. No se hacía dónde va. Si te soy totalmente sincero lo único que me importa ahora mismo es que el tiempo y dinero que Malbec ha invertido en mi, se vea recompensado. Me da igual no ver un duro de todo esto. Si tengo mucha curiosidad por saber que «capta», cómo recibe la gente el libro ya que tiene episodios difíciles de digerir. De momento todas las críticas que me llegan, superan con creces mis expectativas.

9. No te voy a preguntar que hay de autobiográfico en tu libro, porque detesto esa pregunta, pero sí te haré la siguiente: ¿Qué has aprendido con esta novela (escribiéndola y leyéndola)?

Aunque te agradezco que obvies esa pregunta, te responderé muy brevemente. Creo que en todo elemento artístico hay algo autobiográfico. Desde el color que eliges para un cuadro, hasta una escala musical tienen una raíz y una esencia escondida en lo más profundo de tu ser y también un «por qué». Escribiéndola no aprendí nada, ya que la única conclusión que podía sacar era lo lejos que estaba de los grandes autores y mi único afán era disfrutar (sufrir es una manera de disfrute y hay pasajes difíciles de manejar). Leyéndola, lo creerás o no, pero solo hice una versión. No revisé ni volví a leer el texto. Tenía miedo a que en mitad de la lectura me sintiese tan terriblemente necio, vulgar e ignorante que mi IPad fuese a parar al suelo lanzado desde un noveno piso.

10. La autodestrucción, la búsqueda de una identidad, la redención y el amor son algunos de los vehículos que circulan en la obra.

Me parecería muy soberbio dar una opinión respecto a esto. Yo he aprendido a base de golpes, puñaladas, amor y reflexión. Aun así sigo pensando que la suerte desarrolla un papel fundamental en la vida de cada individuo. Lo que los existencialistas como Sartre llamarían «las circunstancias». Pienso que el mejor campo de enseñanza se encuentra en la soledad, en los momentos límites que vive un individuo. Si cuando estás al borde de un precipicio no eres capaz de captar enseñanza y aplicarla en ocasiones futuras, no te queda más que esperar. Aun así, puede que te salga bien la jugada. E incluso ese «bien» es relativo a cada persona. Todo depende del objetivo vital de cada uno.

11. Como para dejar de fumar, o de beber, o de hacer algo que nos está consumiendo, necesitamos experimentar un acontecimiento que golpee de forma violenta nuestra mente. Para Darío, el personaje de tu obra, es crucial su encuentro con otro Inda. ¿Todos necesitamos a alguien que nos ayude y al que podamos ayudar?

No se si es necesario. Para mi ayudar es sanador y parte de mi esencia. Tanto a amigos como enemigos. Ser ayudado es algo, que por desgracia, nunca admito. Me «gusta» pasar solo por las dificultades sean cuales sean. Poniéndome incluso al límite.

12. Aún así, no es lo primero que escribes. Tienes más de diez libros que no han visto la luz. ¿Cobran vida de nuevo esos manuscritos a partir de el lanzamiento de ‘Que me jodan’?

No. Yo no soy de borrar y guardar. Soy de destruir. De no dejar rastro. Me sería imposible recuperar ninguno de esos textos. Tampoco me importa.

13. Cuando creas un personaje para tus novelas, ¿te ayuda el hecho de ser actor y de engullir a otra persona que no eres tú?

No me ayuda explícitamente el hecho de ser actor. Si me ayuda mi «desafortunada» genética y mi sensibilidad y capacidad de empatía y observación para crear un personaje. Pero de la misma forma que para trabajar de actor, a la literatura. No un puente directo entre la interpretación y la literatura. Como te dije, fluyo desde la intuición. Al ser tan introvertido me he pasado un tercio de mi vida observando a los demás y su comportamiento y cuando estoy con alguien casi podría decirte que soy capaz de sentir lo que éste está sintiendo y su línea de pensamiento.

14. Ahondando un poco más en esa vertiente artística tuya, ¿consideras que tu carrera como actor está despegando, o es un negocio demasiado volátil o aleatorio?

No tengo ni idea de qué me deparará el futuro en ningún campo. Esto no está en mis manos. Soy una marioneta que toma decisiones vitales en lo espiritual, en mantenerme en mis principios. Eso es lo que realmente está en mi mano. Siendo poco optimista, lo más cerca que me veo si llegase a los sesenta años, sería viviendo debajo de un puente.  Haciendo reflexión de todo lo bello que espero haber vivido. Y si el sufrimiento es muy grande, siempre queda el suicidio. Mi dificultad para encajar en un entorno donde prima el consumismo o la imagen, es inimaginable. Aun así lo intento con pequeños gestos como el hecho de estar presente en las redes sociales.

15. ¿Dónde te encuentras más cómodo, en cine, teatro o televisión?

En el medio donde más capacidad para crear al personaje me den. (Pero vivo del dinero que me dispensa la TV. Es una alivio por unos meses…)

16. Voy a poner a prueba tu sinceridad y valentía pidiéndote que me digas si hay algo de este mundo de la escena y la interpretación que no consideras sano o ético.

No me parece sano o ético que den papeles a hombres o mujeres por su físico o porque tengan muchos «followers» en redes. Pero que quede claro, el dinero mueve el mundo y un empresario está en su pleno derecho de elegir a quién cree que le va a generar más liquidez en taquilla. Como si es una cabra montesa. El caso es ganar dinero. Nada que reprochar. En el teatro nacional debería haber mucha más apertura.  Más transparencia. Cada vez se sectariza más y hay casos denigrantes de actrices (o actores) que se han visto obligadas a sufrir vejaciones por intereses internos. Esto no es que no me parezca sano, es que me da asco.

17. ¿Quiénes han influido más en tu carrera como actor y a quién le debes más de un favor o viceversa?

Pues creo que a quien más le debo es a las escuelas a las que he asistido. Ya que de todas me echaron o salí huyendo. Me hicieron ser consciente de que no estaba hecho de la pasta correcta para ser un buen alumno. Le debo mucho a mis compañeros y a todos los que con buen o mal ánimo me han dado en ciertos momentos una cura de humildad. De todo se aprende, no es una frase hecha. Pero ¡cuán importante es saber encajar los golpes¡. Humildad, esa es la clave.

18. ¿Amar es para siempre?

En mi caso, sí. Solo creo en mi amor. Solo creo en el amor. No creo en el amor de los demás.

l19. Llegados a este punto adelántanos algo de tus próximos eventos y proyectos ya sean  literarios, interpretativos, pictóricos, musicales, etc.

No tengo ningún proyecto. Me han ofrecido teatro para septiembre, una película que está en el aire, probablemente una serie… pero la experiencia me ha llevado a ser prudente y no dar por hecho nada hasta que no estás, no ya con todo firmado, incluso te diría rodando. Seguiré escribiendo y destruyendo o probablemente sea más benevolente conmigo mismo e intente guardar los textos.

20. Acabamos como siempre, con nuestra pregunta fija ¿Qué te hace reír y qué te hace llorar cada día?

Me río constantemente de mí mismo. De mis extravagancias y estupideces. Llorar lo tengo más difícil. Creo que si te paras a mirar a tu alrededor con consciencia un momento y te queda un ápice de humanidad estaría llorando mucho tiempo al día. Por suerte o desgracia la vida me ha cubierto por experiencias vividas de inmunidad. Como si se tratase de una muñeca rusa con capas y más capas. Soy demasiado vulnerable y esto me hace obviar o no dejar pasar el sufrimiento del exterior a mi interior.  Aún así, por desgracia tiendo a sufrir bastante, pero sin que nadie se entere o en soledad. A los demás les doy solo lo mejor de mi. Supervivencia. No me gusta. Pero así es.

 

LA ENCUESTA RÁPIDA DE ‘EL QUINTO LIBRO’

Película preferida: La leyenda del indomable.

Libro preferido: El perfume.

Comida preferida: Atún con Cola Cao.

Color preferido: Negro.

Lugar preferido: Un bosque de noche o el mar de Cádiz. Y si se me permite soñar, surcar el cielo con una nave espacial.

¿Nos cuentas un chiste?: No.

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QUE ME JODAN

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Víctor M. Mirete Ramallo

Escritor murciano nacido en 1982, Autor de la “Saga de Ficción Histórica de Frédéric Poison” y cuyo lema es: «La vida no consiste en vivir de ilusiones, sino en vivir ilusionado.

Comments (3)

  1. Qué buena esa fotografía de Fernando Vaquero y tan buena la entrevista.
    El reflejo expuesto de ésta sólo define un poco la verdadera esencia de Fer, y todos aquellos que lo conocemos -y entrenamos juntos cada día- sabemos cómo y qué compartimos.
    Sí, hay algo, o mucho, que sabemos del cine o del teatro (al menos aquellos que estuvimos relacionados con la farándula aunque hubiera sido tras ellos, en los decorados). Hay una mafia dentro de las «series» y en ese oficio que pocos pueden presuponer cómo es.

    Hay quién nos contaba que, una vez, había visto «He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser». O, incluso, «…naves arder…»

    Pero algunos sabemos que más allá de todo eso, hay una parte inobservable que extralimita con guiones de certeza ya expuestos en «El Padrino». Mafia y clanes en cine, televisión o teatro, por poner algunos ejemplos de farándula, son pocos.

    La esencia de Fernando es sincera, tanto que lo reconduce a una introspección tal que soporta o mantiene limitada a través del deporte como una forma, entre muchas pocas, de lucha interna; o externa, según se vea.

    Quienes lo tenemos por amigo, sabemos de qué estamos hablando. De quién hablamos y de la satisfacción de su amistad.
    Personas hay; pero personas buenas como él…

    Qué decir; pues eso.

    (PD: Por cierto, revisa tu http, pues aparece como no seguro. Tal vez una revisión hacia https.)

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