Reseña de Nuestra casa en el árbol

10 mayo, 2020
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10 mayo, 2020 Pilar Fernández Senac

Reseña de la novela Nuestra casa en el árbol

Título: Nuestra casa en el árbol

Autora: Lea Vélez

Editorial: Destino

Páginas: 394

Año: 2017

Género: Novela Contemporánea

Valoración:

Sobre la autora

Lea Vélez nació en Madrid, en 1970 al cobijo de una familia fanática de la literatura. Tras estudiar Ciencias de la Información en la Universidad Complutense, se licenció en periodismo en 1994. Pronto se dio cuenta de que además de escribir, le apasionaba el cine, así que decidió convertirse en guionista de ficción. Su tercera pasión es y ha sido siempre la música. Mientras recorría los pubs irlandeses del barrio madrileño de Malasaña versionando a Dylan o Fleetwood Mac, terminaba su diplomatura en guion en la ECAM (Escuela de cinematografía y del Audiovisual de Madrid).

En 1996 recibió el segundo premio Terra-Antena 3 al mejor guion de largometraje por Como Las Olas -su primer guion de cine- y tras graduarse, comenzó a escribir, principalmente, para televisión. Hoy, las teclas de su ordenador cargan ya con más de seiscientas horas de ficción televisiva -sobre todo series diarias- entre las que se encuentran los éxitos de audiencia: La verdad de Laura o Luna Negra.

En 2004 se editó su primera novela, El desván (Ed. Plaza y Janés), escrita en colaboración con su amiga y co-guionista, Susana Prieto, de la que se publicaron seis ediciones. En 2006 repitió la experiencia de escribir a cuatro manos con su segunda novela, La esfera de Ababol (Ed. Planeta), una historia de aventuras, duelos y fervor por las palabras ambientada en los albores del siglo XIX. En 2008 escribió, también con Susana Prieto la obra teatral Tiza, divertida sátira de la educación, que fue galardonada en 2009 con el Premio de Teatro Agustín González. Sus dos novelas publicadas se han traducido al portugués.

Lea Vélez tiene fuertes lazos con Inglaterra que le hacen pasar largas temporadas en la ciudad de Brighton, donde encuentra inspiración junto al mar y buenos amigos con los que tocar su música en directo. Desde 2011 compone sus propios temas.

En 2014 ha publicado La cirujana de Palma en Ediciones B y El jardín de la memoria en Galaxia Gutenberg.

Sinopsis

Tras la muerte de su marido, Ana decide que la vida de ciudad, las mil extraescolares, los problemas educativos, los infinitos deberes repetitivos y la dislexia galopante de su hijo mayor son demasiado para ella. No puede más. No tiene tiempo para vivir del modo que el sistema le impone y a la vez estar con sus niños. Entendiendo que ella es la mejor «profesora de extraescolar» para ellos, decide romper con todo. Escapa de un mundo derruido y lleno de dolor, vende todo lo que la ata a Madrid y se marcha al sur de Inglaterra, al hostal inglés que su marido le dejó en herencia.

Allí, en Hamble-le-Rice, un bucólico pueblo de pedernal junto a la desembocadura del río Hamble, Ana crea un mundo de humor, un entorno irreverente y liberal, en una antigua escuela de carpintería situada en el borde mismo del agua.

Sus hijos, Michael, Richard y María, gracias a su vida en plena libertad, extraerán de sus aventuras y experiencias personales sus propias vocaciones y destinos, demostrando que la excelencia puede alcanzarse a través de la sencillez, sin sacrificar la infancia en favor del futuro.

Mi opinión

«Querido Richard, te mando los diarios. Son tuyos. Te servirán para viajar al país de la infancia. No sé si recuerdas cierta charla que tuvimos. Os dije: «Niños, quiero que hagáis dos cosas importantes en la vida: la primera es que toméis notas de todo. La segunda, que elevéis la mirada, construyendo una casa en un árbol. Para tomar notas hacen falta cuadernos, bolígrafos y constancia. Para construir una casa en un árbol lo primero que hay que hacer es sentarse durante días y días a mirar el árbol»

Así es como comienza esta maravillosa historia, entrelazando a esos niños convertidos en adultos en el presente y regresando al pasado, con lo escrito en esos diarios por uno de ellos. De esa forma, la autora nos da el poder de saber qué cosas marcaron la infancia de esos tres hermanos únicos y su madre, cuando la vida lo trastoca todo y toca comenzar en un lugar nuevo. Ana es una madre entregada que sabe que sus hijos son especiales, cosa que cualquier madre afirmaría de sus hijos, pero que, en este caso, es totalmente cierto. Sus hijos son inteligentes, muy inteligentes, con diferentes aptitudes y problemas, que siente que la educación convencional no logra abarcar.

Y es que es una novela sobre educación, de cómo esta no tiene porqué restringirse solo a las cuatro paredes de un aula y a las directrices desplegadas sin tener en consideración las diferentes cualidades de los niños. Porque educar es mucho más que eso, y Ana lo hace respondiendo los miles de preguntas que sus hijos le hacen si parar., aprendiendo con ellos al mismo tiempo, siendo sincera y confesando lo que no sabe, pero comprometiéndose a encontrar las respuestas, sintiendo la culpa por obligar a sus hijos a formar parte de un sistema que no les hace bien, pero del que no pueden escapar. Esos pequeños la ponen a prueba constantemente, empujando sus límites, su paciencia, su imaginación y su fuerza como madre.

Es también una historia sobre el amor. Del que se ha perdido y duele; del que se huye, pero no se puede escapar; del que se siente en una familia y te hace soportar y perdonar; del que se forja con desconocidos que se convierten en amigos.

Es una historia de maternidad. De la magia de ser madre y de los matices oscuros que también existen en ella. Tres niños no dan tregua, y tres niños sedientos de saber y conocimientos, perceptivos y sensibles, mucho menos. Pero Ana lucha por hacerlo lo mejor que sabe, aunque eso no la exime de hacer lo que toda madre hace: enfadarse, gritar o proclamar a los cuatro vientos que ya no puede más.

«A mi madre a veces la invadía la negrura. Lo sé porque nos lo decía y nos lo decía, porque compartíamos sentimientos de dolor como si los cuatro fuéramos un organismo. Mamá sentía que no estábamos bien, nosotros que ella empezaba a cambiar de humor y una noche estallábamos en llantos de angustia profunda»

Y, sin duda, es la historia de una casa en un árbol. Una que no se construye sola ni en dos días. Una que es una metáfora deliciosa de la maternidad, de la vida, de los sueños.  Una casa que hace que la matriarca de esta familia enfrente sus miedos. Los reales y los que vienen del interior y suponen un lastre para continuar. Con cada madera, clavo y subida de escalera, Ana se va conociendo a sí misma mucho más, se permite el lujo de llorar con libertad, por la pérdida del ser amado, por la incomprensión que genera su forma de criar a sus hijos, por lo duro que es enfrentarse a todo ella sola y así, volver a confiar en que puede con lo que sea, aunque no sea fácil.

«Mamá se pasó tres semanas ahí, cada tarde, frente al roble. Lo miraba durante horas y horas, pensando en el diseño de la casita. Ella nunca dudó de sí misma. Sabía que lo conseguiría. Jamás había construido nada de tal calibre y menos sola y menos en las alturas arborescentes de un roble centenario a orillas del Humble, pero se dijo que antes de ser madre tampoco había educado a ningún niño»

No he dicho nada de la forma de escribir de Lea Vélez, pero es que podría estar contando cosas sobre esta novela durante muchas líneas, pero sé que no debo sino quiero chafaros la novela. Tan sólo añadiré que la escritura de la autora y las voces en las que está narrada, la convierten en lo que es, una historia que hay que leer. Los secundarios son imprescindibles y llenos de magia y dulzura. El entorno donde esa casa se va construyendo es el remate perfecto a las letras de la autora.

Debo ir terminando y quiero hacerlo resaltando que, en sus casi cuatrocientas páginas, hay un sentimiento constante en todas ellas. La ternura. Si la ternura pudiera convertirse en algo, sería en esta historia. Y por eso, quiero despedirme con unas palabras de la canción de Alberto Cortéz, llamada, como no, «La Ternura»

«La ternura es una mano que se extiende en el vacío donde a veces nos hundimos por aquello de vivir, convirtiendo en mariposas, la rutina y el hastío y sembrándonos de rosas, los caminos a seguir».

 

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